Asteroides y cometas visitados por sondas espaciales

Por Fernando Sa Ramón 

Para quienes nos apasionamos por el cosmos y los misterios que entraña el Universo, una parte muy fascinante de la industria espacial es el lanzamiento de sondas que visitan y nos traen imágenes y muestras de los rincones más remotos a los que la humanidad aún no llega.

Representación artística de la sonda espacial Stardust de NASA. Imagen de dominio público.

Además de los planetas y varios de sus satélites, nuestras sondas espaciales han visitado 31 cuerpos en misiones que constituyen solo una parte de la industria espacial: 14 asteroides, otros 3 de forma demasiado lejana como para obtener datos fiables (marcados con un *), 4 objetos transneptunianos (3 de ellos, con *), Ceres y el conjunto de Plutón-Caronte, que son planetas enanos, y 8 cometas.

Una de las cosas más impresionantes de estas misiones es que ¡casi todas ellas han visitado más de un cuerpo menor del Sistema Solar! Aparte de sus misiones concretas, también hay que recordar que reciben impulso por asistencia gravitatoria, con lo cual, además, algunas también aprovechan para fotografiar planetas y recopilar datos al aproximarse para obtener ese empujón gravitatorio y ganar velocidad mediante la citada maniobra. Aquí compartimos una lista, por cronología y por naves, de estas misiones:

1985: la nave de la NASA, un observador solar denominado I.C.E. en segundo nombre, ya que previamente fue I.S.E.E.-3, fue enviada a 7800 km del cometa 21P/Giacobini- Zinner, de aproximadamente 2 km, que también es un PHC, peligroso para la Tierra. Fue la primera vez que se logró algo así, y también se acercó, en 1986, al cometa 1P/Halley, junto con una flotilla de naves espaciales que se envió al paso del cometa y que se van a ir citando.

1986: las naves de la antigua URSS, Vega 1 y Vega 2, habían pasado primero por Venus y dejaron allí sus aterrizadores, y se acercaron a 8900 y 8000 km del famoso 1P/Halley, de 16 x 8 x 8 km. Las sondas japonesas Suisei y Sakigake pasaron a 151 000 y 7 000 000 km (*éxito parcial, por tanto). La Giotto de la ESA (Agencia Espacial Europea) se acercó a sólo 596 km y se tomaron fotos de un núcleo cometario por primera vez; y, como sobrevivió a tan peligroso encuentro, fue enviada al cometa 26 P/Grigg-Skejellerup, de 2,6 km, al que llegó en 1992 acercándose a 200 km; pero no pudo hacerle fotos porque la cámara se había dañado en la aproximación al Halley.

1991: la nave Galileo, de la NASA + Alemania, pasó a 1200 km del asteroide (951)Gaspra, de 18,2 x 10,5 x 8,9 km, del cinturón principal de asteroides, tipo S, siendo el primer asteroide visitado por una sonda espacial. En 1993, esta sonda se acercó a 2390 km del asteroide (243)Ida, 58,8 x 25,4 x 18,6 km, también del cinturón, coronis tipo S, y descubrió su satélite Dactylo, 1,6 x 1,4 x 1,2 km. Seguidamente, continuó su viaje hasta Júpiter, donde una pequeña sonda que incluía se sumergió para enviarnos datos durante unos minutos. Años después de su imponente misión y de recabar una ingente cantidad de información, la propia nave Galileo se hundió en Júpiter para evitar posibles contaminaciones en sus satélites, como hizo el 15-9-17 la Cassini en Saturno (cuando se comenzó a preparar este artículo, hace un tiempo, estos dos hechos aún no habían sucedido, y las visitas a los últimos asteroides, tampoco, lo cual ha obligado a cambiar los textos varias veces).


Composición comparativa, a la misma escala y con fotos reales, de algunos de los 31 asteroides y cometas visitados y fotografiados hasta hoy (Emily Lakdawalla, The Planetary Society).

1997: la NEAR-Shoemaker de la NASA (recordemos, NEA = asteroides cercanos a la Tierra) llegó a 1200 km del (253)Mathilde, 66 x 48 x 44 km., del cinturón principal, tipo C. Y, entre 1998 y 2001 orbitó el (433)Eros, 33 x 13 x 11 km., clase Amor (más allá de la órbita terrestre), tipo S. Fue el primer asteroide en ser orbitado y, además, el primero en el que se aterrizó, aunque fue de manera más o menos imprevista y casual, debido a pequeños fallos no calculados.

1999: la Deep Space 1 de la NASA, estuvo a 21 km del asterd. (9969)Braille, 2,1 x 1 x 0,6 km, un cruzador de la órbita de Marte, tipo Q. Y a 2171 km del cometa 19P/Borelli, 8 x 4 x 4 km en 2001; después falló y se perdió.

2000: la nave Cassini- Huygens del grupo conjunto NASA + ESA + Italia, de camino a Saturno (donde se encontraba hasta hace poco deslumbrándonos con sus fotografías y datos, como se ha nombrado), fotografió al asterd. (2685)Masursky * a 1,6 millones de km, por lo que solo se tienen datos aproximados del mismo (unos 20 x 15 km); del cinturón y tipo S.

2002: la Stardust de la NASA visitó el asterd. del cinturón (5535)Annefrank, 6,6 x 5 x 3,4 km, a 3100 km, y en 2004, pasó a 240 km del cometa 81P/Wild 2, de 5,5 x 4 x 3 km, siendo la primera en recolectar y traer a la Tierra unas muestras de polvo de la cola de un cometa, dos años después.

2005: la Hayabusa, de Japón, llegó al asterd. (25143)Itokawa, un Apolo (que cruza la órbita terrestre), tipo S, de 0,5 x 0,3 x 0,2 km, el más pequeño visitado hasta el momento; en él aterrizó (aunque, quizá, es más acertado decir «se posó» o «se sujetó», debido a la poca gravedad), extrajo unas muestras de rocas y regresó a la Tierra con ellas cinco años después. Dicho así parece tan sencillo como ir al campo a recoger unas rocas, pero es algo infinitamente más complejo y una hazaña sin precedentes. También fue la primera nave que no era de la NASA en ir a un asteroide.

2005: la nave Deep Impact de la NASA estuvo a 80 km del cometa 9P/Tempel 1, de 7,6 x 4,9 km, y lanzó contra este un impactador para estudiar el efecto producido. Se amplió esta misión con el nombre de Deep Impact/EPOXI y, en el 2010, pasó a 700 km del cometa 103P/Hartley 2, de 2,2 x 0,5 km, el más pequeño visitado hasta ahora.

Representación artística de la sonda espacial Deep Impact. Imagen de dominio Público.

2008: la famosa nave Rosetta, de la ESA, pasó a 800 km del asterd. (2867)Steins, de 6,7 x 5,9 x 4 km, del cinturón, tipo E; luego, en 2010, a 3160 km del asterd. (21)Lutetia, 132 x 101 x 76 km (el mayor visitado hasta ese momento), del cinturón, tipo M. Y continuó su hibernado y silencioso viaje hasta llegar al cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, 5 x 4 x 3 km, en 2014. Fue el primer cometa en ser orbitado, y el módulo Phillae, enviado desde Rosetta, aterrizó primero sobre él. Tras meses de estudios, la propia Rosetta también se envió a su superficie, y, ahora, cometa y sondas viajan unidos en la cambiante órbita de este cuerpo menor.

2010: la sonda Stardust/NExT de la NASA llegó a 58 km del cometa 9P/Tempel 1 (segunda visita) y fotografió el cráter dejado por su predecesora, Deep Impact, cinco años antes.

2012: la nave Chang’E 2, de China, pasó a sólo 3,2 km del asterd. (4179)Toutatis, un Apolo PHA (peligroso), tipo Sk, de 4,6 x 2,3 x 1,9 km. Lo hizo después de su misión orbitando la Luna, y es la primera epopeya China de estas características, aunque parece que no va a ser la última.

2011: la Dawn de la NASA llegó, orbitó y estudió el asteroide mayor del cinturón principal, o protoplaneta, (4)Vesta, de 530 x 470 km, durante 14 meses. Después lo dejó y fue al planeta enano del cinturón (1)Ceres, 965,2 x 961,2 x 891,2 km, en el que se encuentra en la actualidad. Por tanto, fue la primera nave interplanetaria que orbitó dos cuerpos distintos en un solo viaje, y, de momento, la única. A principios de noviembre de 2018 se dio por perdida (pocos días después del adiós al telescopio espacial Kepler), ya que los científicos no se han podido volver a comunicar y se ha debido agotar su combustible. Presumiblemente, permanecerá unos cincuenta años en órbita antes de estrellarse sobre Ceres.

2014: como se ha visto, Rosetta en el Churyumov.

2015: en su viaje a las zonas más alejadas del Sistema Solar, la New Horizons primero fotografió al asterd. (132524)APL *, de unos 2,3 km, del cinturón, tipo S, desde 101 900 km (por tanto, tampoco se considera como visita auténtica) y continuó su camino. Es una de las naves más veloces que se encuentran en nuestro sistema Solar, y la más rápida sin contar con las que realizan órbitas en los grandes planetas y en el Sol (que alcanzan velocidades mucho mayores para contrarrestar la atracción gravitatoria), y en 2015 pasó a unos 12 500 km del planeta enano Plutón, o (134340)Pluto, maravillándonos a todos con las inesperadas imágenes del conjunto Plutón-Caronte y sus satélites. Fue el primer transneptuniano visitado, y, seguidamente, la nave se dirigió al siguiente objetivo, 2014MU69, en el cinturón de Kuiper; estudió el transneptuniano 1994JR1 *, de camino, y, así, se pudo descartar que fuera un cuasisatélite de Plutón, como se pensaba; y ha fotografiado a los objetos 2012HZ84 * y 2012HE85 * (las fotografías más lejanas de la historia hasta ese momento). Pero su viaje continúa.

Composición comparativa, a la misma escala y con fotos reales, de algunos cometas y asteroides con los recién visitados Ryugu, Bennu y el rojizo transneptuniano MU69 Arrokoth (NASA/The Planetary Society, con retoque de color del autor).

2018: la sonda japonesa Hayabusa-2 llegó, a finales de junio, al asteroide (162173)1999JU3 (Ryugu), de unos 900 m y forma aproximada de octaedro redondeado. En su superficie han estado 4 pequeños aparatos que portaba la nave principal (Minerva II 1A y 1B, MASCOT y Minerva II 2) que han realizado diversos estudios. Por último, en marzo y en abril de 2019 la nave se acercó hasta la superficie y recolectó material, superficial la primera vez y más interior la segunda (tras hacer un cráter artificial con un proyectil) para traer muestras a la Tierra como hizo su predecesora Hayabusa, del asteroide Itokawa.

2018: la nave y misión de la NASA llamada OSIRIS-REx llegó al asteroide (101955)Bennu el 3 de diciembre; permaneció en órbita alrededor de este cuerpo, de unos 490 m de diámetro (el más pequeño orbitado hasta ahora) y de forma parecida al Ryugu durante unos meses realizando varios estudios y, finalmente, recogió unas muestras «absorbidas» por un brazo especial para traerlas a la Tierra a finales de 2023. La muy baja gravedad y la rotación rápida de este asteroide hacen que algunas rocas escapen de su superficie; unas regresan, otras quedan en inestables órbitas y otras se escapan al espacio, algo inesperado que, unido al rocoso e irregular terreno, obligó a rediseñar el «aterrizaje» (más bien, solo posarse).

2019: la New Horizons pasó a unos 3500 km del transneptuniano 2014MU69 (llamado Arrokoth, nombre oficial de la I.A.U., antes Ultima Thule) el primer día del año, y esto supone otro hecho histórico, al ser el objeto más lejano visitado. Es un antiquísimo resto de los principios de la formación del Sistema Solar, y un curioso cuerpo doble con forma de cacahuete o de muñeco de nieve (binario de contacto), aunque más aplanado, de color marrón-anaranjado y un tamaño de unos 33,5 x 19,5 km.

2022: la nave DART de la NASA llegó al asteroide Dídimo, de casi 800 m, que tiene un pequeño satélite, Dimorfo, de unos 160 m. La misión se preparó para que la sonda chocara contra Dimorfo y estudiar los resultados en una prueba de «defensa planetaria» desviando un asteroide por primera e histórica vez, desde varios telescopios en la Tierra y en órbita, y desde allí, con un pequeño cubesat con cámaras que se desprendió de DART poco antes del choque. Esto fue el 26 de setiembre.

Hay más misiones proyectadas para el futuro cercano, como la HERA al asteroide Dimorfo para ver el cráter del impacto de DART, (16)Psyche con una nave del mismo nombre, Lucy, de la NASA, ¡a siete asteroides troyanos en una sola misión! China planea enviar dos naves al Cinturón de Kuiper, además de las que volverán a planetas y sus satélites. 

Cabe destacar que todo lo anterior no es más que un breve resumen de unos hechos asombrosos, y resumirlos en estas líneas es casi injusto; por eso, quien quiera, puede investigar por su cuenta estos hechos históricos y maravillarse de cómo se hace algo así, con los datos que hablan de sus éxitos y sus descubrimientos, y con las numerosas vicisitudes y contratiempos que se producen en estas y otras misiones, aun cuando salen bien. Y, quizá, sentir una «sana envidia» de las personas que pueden proyectar algo tan complejo, unos hitos portentosos en la historia de la humanidad, aunque no siempre se les da el debido reconocimiento. 

¿Se ha mencionado que se dan algunos fallos?

Por descontado que ha habido errores, pero no hacen sombra a los fascinantes éxitos. Veamos unos pocos ejemplos:

  • La nave japonesa Sakigake observó de lejos al cometa Halley, y tenía previsto dirigirse a los cometas 45P/Honda-Mrkos-Pajdusakova y 21P/Giacobini-Zinner, pero se perdió la comunicación; y la Suisei, que también casi visitó al Halley, debía dirigirse luego al Giacobini y al 55P/Tempel-Tuttle, pero, en este caso, no lo logró por falta de combustible.
  • La sonda Contour de la NASA tenía previstos 3 cometas, 2P/Encke, 73P/Schwassman-Wachmann y 6P/d’Arrest, pero perdió contacto al poco de despegar.
  • La Hayabusa japonesa realizó con éxito su misión, pero también portaba una pequeña sonda de 500 gramos llamada Minerva que se envió hacia el asterd. Itokawa, y falló, al parecer, por unos problemas de medición de las distancias, con lo que pasó de largo y se perdió en el espacio.
  • Rosetta no estaba determinada para el cometa Chury, pero los científicos se las arreglaron para que llegara a él tras fallar el lanzamiento que la hubiese llevado al 46P/Wirtanen (el cual, por cierto, cambió dos veces de órbita en poco tiempo al acercarse a Júpiter).
  • La pequeña Phillae no aterrizó bien en el Churyumov y rebotó hasta quedar atascada en unas rocas, pero, aun así, pudo realizar parte de su misión.

Otras naves han «visitado» varios objetos planetarios, pero ha sido de pasada mientras se dirigían a su objetivo final, como la New Horizons, que pasó muy cerca de Plutón mientras se dirigía a la zona del cinturón de Kuiper; o la Cassini que pasó por Júpiter, o bien para recibir un tirón gravitatorio con el fin de ganar velocidad e impulso ahorrando combustible. Estos métodos no son para entrar en órbita, aunque sí permiten realizar numerosos estudios y fotografías aprovechando la maniobra.

Somos afortunados

Nuestras generaciones han tenido la impresionante suerte de poder estudiar el pasado, de ver el desarrollo de la Astronomía moderna y de asistir a todos estos hechos y muchos más; es de suponer que las generaciones futuras contemplarán más todavía. Sólo es de esperar que no se diluya la inmensa importancia de todo ello por falta de divulgación o por la rutinaria sucesión de tan extraordinarios acontecimientos.  

«En 5000 millones de años, la Tierra será absorbida por el Sol. Lejos de casa, inalteradas por tan remotos acontecimientos, las sondas Voyager, portadoras de la memoria de un mundo perdido, continuarán navegando por el espacio».

Carl Sagan, astrónomo y divulgador


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