martes, 9 de octubre de 2018

LEIBNIZ, EL ÚLTIMO GENIO UNIVERSAL


            Al abordar el estudio de un sabio como Gottfried Wilhem Leibniz lo primero que se descubre es que un solo artículo de esta envergadura es insuficiente para mostrar la grandeza de su genio y la magnitud de su obra. Su trabajo está a caballo entre el final de revolución científica (que tuvo lugar durante el renacimiento) y el principio de la era moderna. Fue uno de los últimos científicos universales, capaz de destacar en cualquier campo en el que decidiera meterse, cual rey Midas que convierte en oro todo lo que toca. Fue contemporáneo de otros grandes de aquella época como Isaac Newton, Christian Huygens, Robert Boyle o Robert Hook. Gottfried Wilhem Leibniz puede ser considerado como el último de los grandes sabios propios de una era en la que las opciones universitarias quedaban reducidas a tres: teología, derecho y medicina. Sirva pues este artículo como introducción a todas aquellas aportaciones que este gran sabio pudo llegar a hacer en su vida. Este será el primero de una serie de varios trabajos que, no solo mostrarán las obras por la que es más famoso, como la creación del cálculo en matemáticas o la de la filosofía alemana moderna, sino también por otros menos conocidos, como ser inventor de la primera calculadora completa o el molino eólico aplicado a la minería, y también por otros desconocidos para el público como ser el creador del código binario, iniciar el concepto de globalización o ser el creador de la paleontología.


                Leibniz es conocido principalmente por ser aquél que se disputó con Isaac Newton la autoría del cálculo infinitesimal, herramienta matemática que cambiaría la ciencia y la concepción del mundo para siempre, pero en realidad contribuyó de forma notable y en ocasiones incluso decisiva, en prácticamente todos los campos de conocimiento que existían en aquel tiempo. Nació en Leipzig el uno de julio de 1646. A la edad de 15 años ya estaba especializado en filosofía y derecho por la universidad de Leipzig. A los 17 años le fue vetado el doctorado en derecho por ser demasiado joven y tuvo que esperar hasta los 21 para conseguirlo. Pero sin embargo puede ser considerado un erudito en matemáticas, física, derecho, filosofía, política, geología, teología, lingüística, comunicación, alquimia, ingeniería; y fue además inventor, juez, divulgador de ciencia e impulsor de la cultura.

                Como matemático, la gran mayoría de la gente sabe que fue uno de los fundadores del cálculo junto con Newton, ambos llegaron a soluciones iguales por caminos contrarios, lo cual dio a luz al teorema fundamental del cálculo tal y como lo conocemos hoy. Muchos otros habían contribuido anteriormente a su avance y posteriormente otros tantos sintetizaron y simplificaron el sistema, que se extendió por la comunidad científica como el polen en primavera. De esto hablaremos más ampliamente en el siguiente artículo.

                En filosofía fue seguidor de Descartes y se le puede considerar sin duda alguna como el fundador de la filosofía alemana e iniciador de una visión más pesimista del mundo (Kant estudió su filosofía a fondo). Su concepción de las mónadas, basada en el atomismo griego, ayudó al desarrollo posterior de la teoría atómica. Las mónadas son entidades indivisibles e independientes, aisladas del resto, cuyo movimiento interno había sido iniciado por dios con perfecta precisión al inicio del universo (armonía preestablecida); y todo está compuesto por ellas sin dejar lugar al vacío. Tenía también una visión unificada de espacio y tiempo (a los que no consideraba absolutos) por lo que es un precursor reconocido del relativismo. Otro artículo nos servirá para describir su cosmología y concepción del mundo, así como su filosofía.

                Como lingüista fue siempre un superdotado, gracias al acceso que tuvo a la biblioteca de su padre tras su trágica muerte. A los 12 años hablaba perfecto latín y balbuceaba griego de forma totalmente autodidacta. Llegó a entender el lenguaje y las matemáticas como si fueran la misma cosa. Algunas de sus ideas en este campo quizá fueron demasiado innovadoras y no llegaron a cuajar hasta décadas más tarde. Se dio cuenta que a través del lenguaje cada cultura ve el mundo de una manera, que todas las lenguas tenían conceptos y estructuras comunes, por lo que debería haber existido un solo idioma primigenio del que derivaban todos los actuales. Decía que ese idioma seguía codificado en todos los idiomas del mundo e hizo una enorme cantidad de anotaciones al respecto. Por esto mismo propuso que la historia debía estudiarse conjuntamente con el idioma. Planteó la creación de un lenguaje universal mediante simbología al estilo del alfabeto chino, y aún fue más allá, pues planteó también la concepción de unas ideas básicas encriptadas en símbolos que darían, mediante su unión, origen a ideas más complejas; al más puro estilo de las mónadas de su cosmología. Y en relación a esto, fue también el creador del código binario, base de nuestra tecnología actual, que no es ni más ni menos que el lenguaje de los ordenadores. De todo esto hablaremos con más profundidad en otro artículo.

                Y aún hay mucho más. Fue también inventor de la primera máquina calculadora que realizaba las cuatro operaciones básicas, del molino eólico aplicado a la industria; como geólogo estudió los volcanes y apoyó la existencia de un fuego central, como bibliotecario creó el sistema vigente de clasificación alfabética, como político tenía una visión unificada del mundo por lo que sus ideas pueden considerarse iniciadoras de la globalización, fundó academias, promovió la música y la ópera, escribió numerosos libros de todos los campos… e incluso llegó a crear un campo nuevo de estudio, la paleontología. Todo esto y más cosas que se quedan en el tintero serán objeto de otro artículo (y espero que el último).

                Pese a todo este gran trabajo que sirvió para mejorar el mundo conocido, Gottfried Wilhem Leibniz murió prácticamente solo, acompañado de sus familiares y amigos más cercanos, sin honores, sin homenajes de ninguna de las academias a las que perteneció, sin presencia eclesiástica y nada más que unas pequeñas menciones a modo de esquela en aquellas revistas en las que colaboraba. Fue sin lugar a duda un gran adelantado a su tiempo y no fue hasta el siglo XX que comenzó a conocerse la grandeza de su obra. Sirvan pues esta serie de artículos para rendirle el homenaje que se merece.

Rubén Blasco – Agrupación Astronómica de Huesca

miércoles, 18 de julio de 2018

JAMES LOVELOCK Y LA TEORÍA GAIA.

N.A.S.A., 1961. El profesor James Lovelock, licenciado en química por la Universidad de Manchester en 1941, en medicina por la Escuela de Londres de Higiene y Medicina Tropical en 1948, y en biofísica por la Universidad de Londres en 1959, es convocado para el desarrollo de instrumentación de alta precisión para incorporarla al programa Viking. Su misión es el estudio de habitabilidad del planeta Marte; y de darse las condiciones, la búsqueda de vida en el mismo. Cuando llega a las instalaciones de desarrollo de la N.A.S.A. el panorama que se encuentra es desolador. Ingenieros mecánicos, inexpertos en el campo de la biología, son los encargados de crear detectores de vida. El profesor Lovelock se interesa por una especie de ingenio cubicular parecido a una trampa. Cuando pregunta acerca de su funcionamiento, el ingeniero padre de la criatura le responde: “Es un atrapa moscas, según nuestras observaciones Marte es un planeta completamente cubierto de desiertos. Todo el mundo sabe que en los desiertos viven camellos, por lo que estoy seguro de que mi dispositivo será capaz de atrapar alguna de las numerosas moscas que vuelan a su alrededor”. James Lovelock vaticina el fracaso absoluto de la misión, aun cuando el planeta estuviese rebosante de vida. En colaboración con Carl Sagan, determinan que la mejor forma de estudiar la habitabilidad y la existencia de vida en Marte es mediante el análisis de su atmósfera. Fue a partir de aquí cuando, en la mente del brillante profesor James Lovelock, empezaron a germinar las semillas de la que sería su aportación científica más controvertida: La Teoría Gaia.


                Los análisis de la atmósfera de Marte determinaron que se trataba de un planeta inerte, pues se encontraba cerca del total equilibrio químico, con una gran mayoría de dióxido de carbono en su composición y apenas oxígeno. Carl Sagan barajó la posibilidad de que todavía albergara oasis de vida, quizás donde quedase algo de agua, pero finalmente se descartó esta opción. Fue durante este periodo cuando James Lovelock se percató de la enorme influencia que la vida tiene en la química de un planeta. Gracias al ciclo del agua, los nutrientes fluyen por todo el planeta, y gracias al aire, los gases emitidos por las diferentes formas de vida se extienden a lo largo y ancho del planeta. La gravedad se encarga de trasladar los materiales de arriba hacia abajo, pero la vida lo hace lateralmente, e incluso de abajo hacia arriba. La teoría Gaia propone que todas las formas de vida y las no vivas de un planeta, forman un complejo sistema en interacción que puede ser considerado como un solo organismo vivo. De esta manera, la biosfera ejerce una influencia tal sobre el planeta, que mantiene una regulación de las condiciones aptas para la propia vida. El planeta al completo así, se convierte en un sistema autorregulado. Sin teologismos, sin divinidades, simple acción y reacción.

                James Lovelock desarrolló esta teoría en su época de científico independiente. Gracias al desarrollo de ciertos inventos, cuyas patentes le proporcionaron ingresos de por vida, no necesitó de financiación de gobiernos ni universidades. Fue el inventor del detector de electrones, tan sensible (a día de hoy sigue siendo el método de detección química más sensible que existe) que fue capaz de detectar en partes por millón la existencia de compuestos clorofluocarbonados en la atmósfera (o CFC’s) que hoy sabemos son tan perjudiciales para la capa de ozono; de hecho, James Lovelock vaticinó su desaparición completa si no se regulaba el uso de fertilizantes y pesticidas. Si bien en principio se rieron de él, con el paso de los años se demostró que tenía razón. En 1952 también realizó aportaciones, que luego fueron cruciales, en el campo de la criogenización de células. Sus investigaciones demostraron que el daño celular se produce cuando el hielo se separa en cristales como sustancia pura de otras como sales y soluciones. En esa misma década participó en el desarrollo de soluciones para el resfriado común y para otras infecciones respiratorias. Es también inventor del detector de Argón, importantísimo para la cromatografía de gases. Todas estas aportaciones le permitieron ser uno de los pocos científicos que, a día de hoy, con casi 99 años, pueden considerarse autofinanciados.

                El no verse sometido a voluntades comerciales de multinacionales o intereses políticos de gobiernos e instituciones, pudo dedicarse a lo que realmente le interesaba: la química planetaria. Durante los primeros 25 años (y aún a día de hoy) sus ideas fueron fuertemente criticadas, tildándolas de religiosas más que de científicas. James Lovelock entonces volvió al ataque con un modelo computerizado y matematizado al que llamó el planeta de las margaritas. Este demuestra que, ante la variación en la emisión de energía de una estrella, un planeta con vida ejerce una resistencia al cambio, siempre y cuando sigan existiendo condiciones de habitabilidad. El modelo consiste en un planeta cubierto de margaritas de diferentes tonos desde blanco hasta negro. Una baja emisión de energía estelar favorece la existencia de margaritas negras, las cuales absorben calor y mantienen una temperatura constante; por el contrario, un aumento de emisión energética favorecería el crecimiento de margaritas blancas, que reflejarían gran parte de esa energía, manteniendo de nuevo una temperatura constante. Aplicándolo a nuestro planeta podemos decir que la vida, mediante su interacción con el medio ambiente, mantiene con enorme fuerza unas condiciones de temperatura y química planetaria aptas para sí misma.

                Hoy la teoría está no solo aceptada sino ampliamente demostrada, y sus resultados se extrapolan al estudio de otros planetas, como por ejemplo la terraformación (convertir en habitable un planeta), o la búsqueda de vida en los miles de exoplanetas que hemos descubierto, mediante en análisis de su composición atmosférica. Se puede decir sin temor a equivocarnos que James Lovelock es uno de los mayores precursores del ecologismo durante el siglo XX y uno de los más influyentes científicos en el avance de la exploración espacial. Hoy no conserva esperanza en que la humanidad, con nuestro nivel de tecnología actual, sea capaz por sí misma de sanar el daño que hemos hecho en la atmósfera y el océano. Por eso propone macroproyectos de geoingeniería, como el bombeo de agua rica en nutrientes desde las profundidades del mar, y así favorecer el desarrollo masivo de microorganismos, que reducirían los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera. Es también un acérrimo defensor de la energía nuclear como alternativa a los combustibles fósiles.

                Con casi un siglo de existencia, el profesor Lovelock sigue siendo un científico independiente, más cercano al artista renacentista que al mercenario a sueldo de los intereses de un gobierno. Hoy uno ya no sabe si la ciencia está al servicio de la humanidad o del interés de las multinacionales, pero es más necesaria que nunca la existencia de este tipo de investigadores.

Rubén Blasco – Agrupación Astronómica de Huesca

miércoles, 11 de abril de 2018

Aragón en el sistema solar. Presentación libro y G-Astronomía


El Planetario y la Agrupación Astronómica de Huesca inauguran el puente de San Jorge con una velada para descubrir y “saborear” Aragón en el Sistema Solar

Ø Sesión especial en la cúpula del Planetario para viajar por los rincones de “Aragón en el sistema solar” con posterior exhibición y degustación de productos alimenticios del Pirineo.



El Planetario de Aragón y Agrupación Astronómica de Huesca inauguran el Puente de San Jorge el próximo 20 de abril, viernes, con una actividad muy especial que nos permitirá “saborear” Aragón en el Sistema Solar.

En la primera parte de la velada, que tendrá lugar en la cúpula del Planetario, los asistentes podrán realizar un viaje insólito hasta los lugares aragoneses presentes en el Sistema Solar. La tecnología 3D del Planetario nos acercará, en un recorrido hasta ahora nunca realizado, hasta 12 sitios de nuestro Sistema Solar con sello aragonés. Por ejemplo, en nuestro satélite natural, la Luna, podemos encontrarlos Montes Pirineos, una cadena de crestas llamadas Dorsum Azara, o el Cráter Cajal. El planeta Mercurio rinde homenaje al pintor Goya en un cráter con su nombre. El río Ebro aparece hasta tres veces asignado a elementos del Sistema Solar, también tenernos un río Gállego, un embalse denominado la Sotonera, lugares bautizados como Zaragoza y Teruel, y también la localidad pirenaica de Chía, afincada en Marte.


Una parte de Montes Pyrenaeus, fotografiada en diciembre de 1968 por el Apolo 8, la primera misión tripulada a la Luna (Foto: NASA).


Este viaje tan especial será conducido y explicado por Carlos Garcés, historiador y miembro dela Agrupación Astronómica de Huesca que, junto a otros compañeros de la asociación,han trabajado en la recopilación de datos y material gráfico para escribir el libro “Aragón en el Sistema Solar”, publicado recientemente y que será presentado en el Planetario de Aragón.

La parte “G-Astronómica”vendrá de la mano de Chez Marzola, y de su propietaria Elena Bernad, que tras la proyección realizará una actividad orientada a poner en valor los productos gastronómicos de nuestra Comunidad autónoma, y más en concreto aquellos elaborados por pequeños productores del Pirineo.

Chez Marzola apuesta desde su establecimiento, abierto recientemente en el centro de Huesca, por los productos de cercanía, de calidad, sostenibles con el entorno, y que promueven la biodiversidad, como una forma de asegurar la pervivencia en nuestros pequeños pueblos.

Aceites, dulces,panes, vinos, mermeladas, quesos y embutidos…todo un universo gastronómico consello aragonés que también se sumará a la fiesta de San Jorge el viernes 20 de abril en el Planetario de Walqa. 

La actividad “Aragónen el Sistema Solar” tendrá lugar a las 20:00 horas, y tiene un coste de 5€. Elaforo es limitado, por lo que las entradas se deben adquirir previamente en laweb www.espacio042.com

jueves, 5 de abril de 2018

JEREMY ENGLAND, EL NUEVO DARWIN


Pocas veces en la historia tiene una generación la fortuna de convivir con uno de esos científicos que cambian, no solo la historia, sino la forma de ver el mundo. 2014, justo 100 años después de que Einstein convirtiera el mundo en relativista, fue el año de aparición, gracias a la prodigiosa mente de un joven científico de 31 años llamado Jeremy England, de una nueva teoría acerca del origen y evolución de la vida.


Nacido en Boston en 1982, Jeremy se graduó en bioquímica por la Universidad de Harvard en 2003, estudió física en Oxford hasta 2005 y se graduó de nuevo en esta misma materia en 2009 por la Universidad de Stanford. Actualmente trabaja como profesor adjunto y desarrolla su línea de investigación en el M.I.T (Instituto Tecnológico de Massachusetts por sus siglas en inglés). El historiador de la ciencia y ganador de un premio Pulitzer Edward J. Larson ha dicho de él que “si sus teorías pueden demostrarse y resultan ser ciertas, podría ser el nuevo Charles Darwin”.
El concepto innovador que presenta la teoría reside en el punto de vista. Lejos de partir de lo que a priori parecería más lógico, la biología o la bioquímica, el profesor England desarrolla todo su aparato matemático a partir de las leyes fundamentales de la física, concretamente las leyes de la termodinámica. ¿Pero qué es exactamente la vida? Nos parece incluso ridículo considerar que no podamos saber la respuesta a una pregunta tan sencilla, y llegado a este punto no puedo evitar recordar el soliloquio de Bill al final de la película Kill Bill 2, en el que explica como su querida hija de tan solo 6 años descubre la diferencia entre la vida y la muerte, “un pez que se mueve en la alfombra, ante un pez que no se mueve en la alfombra”. ¿Es un virus una forma de vida o tan solo una cápsula de proteínas que envuelve una molécula de ARN? Reflexionando sobre el tema nos damos cuenta de que nuestra definición se reduce a “aquello que no está muerto”. Somos capaces de ver la diferencia, pero no de definir de una forma concreta, de hecho la línea de separación sigue estando difusa y tras la aparición de la teoría de Jeremy England llamada “adaptación por disipación conducida” parece difuminarse todavía más. La definición de “vida” con la que él trabaja viene caracterizada por la capacidad de autorreplicarse, interrelacionarse con el entorno (anticipación y adaptación a los cambios), procesar energía de forma eficiente, y por último ser sistemas irreversibles (vemos crecer a una planta, pero la vemos retroceder a su estado de semilla).
Pero antes de continuar debemos familiarizarnos con el concepto de entropía y su relación con los seres vivos, puesto que uno de los caballos de batalla de la ciencia siempre ha sido precisamente que la vida parece desafiar la segunda ley de la termodinámica. La primera ley es la de la conservación de la energía en un sistema cerrado y la segunda establece que el universo tiende a estados desordenados (puesto que son infinitamente más probables) y la disipación de la energía. La clave de la nueva teoría reside en cómo encaja esta segunda ley con la aparición a partir de materia inerte en aquella sopa primordial, de estructuras tan ordenadas como son los seres vivos. Necesitamos primero un sistema en desequilibrio termodinámico (una taza de café ardiendo en una habitación fría es un sistema en desequilibrio puesto que ambas temperaturas tienden a igualarse), una fuente de energía entrante y baño térmico donde pueda disiparse la energía en forma de calor. Vemos que nuestro planeta cumple perfectamente las tres condiciones: intercambia calor y materia con su entorno, el Sol lo nutre de energía y cuenta con atmósfera y océano donde disipar la energía. Jeremy England propone una intimidante fórmula matemática nacida a partir de principios ampliamente establecidos como son la mecánica estadística, la termodinámica o la resonancia. La aparición de estructuras ordenadas tendría el único fin de disipar energía de una forma todavía más eficiente de lo que lo harían moléculas desordenadas. Si bien el universo tiende hacia estructuras caóticas, mediante la resonancia pueden formarse estructuras estables con la característica de ser irreversibles. Todos hemos visto una copa romperse con una vibración sonora, el principio sería el mismo, pero a la inversa, es decir, una serie de moléculas primordiales como proteínas o azúcares, podrían agruparse absorbiendo una cantidad de trabajo o energía equivalente a su resonancia, y al necesitar una energía mayor para deshacerse se convierte en un sistema irreversible, construyéndose así unos de los primeros ladrillos que conformarán la vida. Este principio unido al paso del tiempo da paso a estructuras cada vez más complejas, adquiriendo la capacidad de disipar todavía más energía y siendo aún más irreversibles; y alcanzado cierto umbral, la estructura es capaz de autorreplicarse, aumentando así exponencialmente su capacidad de disipación. Ya se han realizado experimentos diversos en los que “cosas no vivas”, como vórtices turbulentos en fluidos, se han autorreplicado como resultado de una disipación de energía más efectiva. De esta manera un ser vivo pasa a ser, desde la más pura visón físico-teórica, un transformador de energía al servicio de la segunda ley de la termodinámica y el sentido de la vida se convierte en alcanzar, en cada uno de sus niveles evolutivos, el máximo nivel de eficiencia energética posible, sin límites.
La energía se revela así como constructora de este universo, igual para formar un mineral mediante calor y presión como para formar seres autorreplicantes, y las propias leyes del mundo subyacen la aparición de la vida, convirtiéndose ésta en la norma y en un fenómeno inevitable. La vida, en teoría, ya no es un extravagante y delicado capricho de nuestro sistema solar, sino una más de las omnipotentes y omnipresentes leyes del universo. “No estoy diciendo que las leyes de Darwin sean erróneas, sino que desde la perspectiva de la física se trata de un caso especial de un fenómeno más general.” Con esta declaración Jeremy England no pretende sustituir la teoría de la selección natural sino ampliarla a todo el universo y así quedan explicadas muchas cosas que Darwin se dejó en el tintero.
La teoría parece haber llegado para quedarse, pero aún está pendiente de demostración. Numerosos científicos de todo el mundo trabajan en ello. Sin embargo, la línea que separa lo vivo de lo inerte parece haberse disipado aún más, ¿está todo vivo o está todo muerto? La cuestión es: ser o no ser…

Rubén Blasco – Agrupación Astronómica de Huesca

lunes, 2 de abril de 2018

El Planetario de Aragón y la Agrupación Astronómica de Huesca viaja a Madagascar y al cielo del Hemisferio Sur

El Planetario de Aragón viaja a Madagascar y al cielo del Hemisferio Sur

·         Charla “Madagascar, una tierra de paradojas”, a cargo de Ernest Bianco Levrin
·         Sesión especial de observación “Madagascar, la riqueza de los cielos del Sur”
·         Se realizará un intercambio culinario entre Madagascar y Huesca.

Con motivo del viaje que este verano a programado la Agrupación Astronómica de Huesca a Madagascar para conocer este país y los cielos nocturnos del hemisferio sur, el Planetario de Aragón y la Agrupación Astronómica de Huesca realizan una serie de actividades relacionadas con este viaje.



El viernes 6 de abril, no vamos a tener que coger un avión y viajar durante muchas horas, para realizar un viaje intercontinental a Madagascar y disfrutar del cielo del Sur. El Planetario de Aragón y la Agrupación Astronómica de Huesca lo hacen por nosotros y nos muestran este cielo tan especial y diferente al nuestro.
A las 20 horas comenzará en la cúpula del Planetario una tarde temática centrada en la isla de Madagascar, y en el cielo del hemisferio Sur.

CHARLA “MADAGASCAR, UNA TIERRA DE PARADOJAS”
Desde las butacas del planetario, Ernest Bianco Levrin, un malgache afincado en Huesca desde hace varios años, nos acercará a su país de origen con la charla “Madagascar, una tierra de paradojas”.
Una oportunidad para conocer la situación política, económica y social del país; así como el turismo, su evolución en estos años; y el potencial humano, económico y cultural de la isla.
Ernest Bianco Levrin, es natural del sur de Madagascar, se fue del país en 1990 con 22 años para estudiar en Francia, donde conoció a su mujer, nacida en Murcia. En 1997 se afincó en España, y en 2011 junto a su mujer crearon una ONG con el fin de construir escuelas en Madagascar, actualmente ha cumplido su objetivo con una a la que asisten 120 niños.
También colabora con una escuela de futbol enviando material a los niños y dando asesoramiento técnico a los formadores malgaches.

OBSERVACIÓN ESPECIAL “MADAGASCAR, LA RIQUEZA DE LOS CIELOS DEL SUR”
En el planetario descubriremos curiosidades como que hay constelaciones, para nosotros muy familiares, que no son visibles en el hemisferio sur, tales como la estrella Polar, la Osa Menor y Mayor, Casiopea, o Andrómeda.
En este hemisferio, para saber dónde está el Sur, se toma como referencia la Cruz del Sur.
Otra curiosidad, es que en el sur la Luna no es una “mentirosa”, para nosotros cuando la Luna tiene forma de C es decreciente y cuando tiene forma de D es creciente, pero en el hemisferio sur cuando tiene forma de C indica que es creciente y de D decreciente, lo que tiene sentido pues ahí se observa boca abajo respecto a España.

INTERCAMBIO CULINARIO ENTRE MADAGASCAR Y HUESCA
Para finalizar esta velada, en la que podremos viajar sin movernos casi de casa, se disfrutará de dos postres, uno oscense y otra típico de Madagascar cuyo ingrediente principal es la yuca.

La actividad tiene un aforo limitado, por lo que deben comprar las entradas por la web www.espacio042.com. El precio de la actividad es de 5€.

jueves, 22 de marzo de 2018

CELEBRACIÓN DEL EQUINOCCIO DE PRIMAVERA 2018 EN HUESCA



El pasado martes 20 de marzo, la Agrupación Astronómica de Huesca, como cada año, celebró el equinoccio de primavera con una actividad en la ciudad de Huesca abierta a todo el público y que se celebró en el  Parque de los Mártires de la Libertad.

A pesar de ser el comienzo de la primavera, el tiempo no acompañó demasiado. El fío y el viento helador deslució un poco la celebración al no poder instalar los telescopios, aunque la respuesta del público oscense fue increíble y a pesar del mal tiempo, asistieron muchos valientes.

Una magnífica explicación de este fenómeno astronómico dada por nuestro compañero de agrupación Carlos Garcés Manau y una espectacular puesta de Sol desde este magnífico lugar que sin duda hizo que mereciese la pena aguantar el frío.



Las actividades fueron las siguientes:
·       Observación de la puesta de Sol del equinoccio. El Sol se pone este día en Huesca a las 19 horas 12 minutos, exactamente por el oeste, algo que solo ocurre en esta fecha y en el equinoccio de otoño.
·       Explicación de los rasgos principales del equinoccio de primavera.
·       Explicación de la relación existente (este año más estrecha que nunca, puesto que el comienzo de la primavera coincide con el Domingo de Ramos) entre el equinoccio de primavera y la Semana Santa.

La actividad de observación del cielo e simple vista y con telescopios, como ya hemos dicho, tuvo que ser cancelada por el viento y el frío.

Agrupación Astronómica de Huesca también hará una observación del solsticio de verano, así que atentos a nuestra página web. En ella tendréis toda la información y actividades que realizaremos con motivo de este fenómeno astronómico. Esperemos que esta vez el tiempo nos permita realizar la actividad al completo.



Para los que por un motivo u otro no pudisteis asistir a este acto, bajo estas líneas os dejamos un pequeño resumen de lo explicado en esta observación de la primera puesta de Sol de la primavera de 2018. Esperamos que os guste.

20 DE MARZO: EQUINOCCIO EL COMIENZO DE LA PRIMAVERA

El 20 de Marzo de 2018, a las 17:15:29 según datos del Observatorio Astronómico Nacional comienza la primavera. Es el día del equinoccio de primavera.
En este texto se explican de forma sencilla las características principales de este hito astronómico:
·       En los equinoccios –tanto en el de primavera como en el de otoño–, el día y la noche duran aproximadamente lo mismo (unas 12 horas cada uno).
·       Los equinoccios son los únicos días del año en que el Sol sale exactamente por el este y se pone exactamente por el oeste. El equinoccio de primavera es el acontecimiento astronómico que se utiliza para calcular, cada año, cuando es Semana Santa.
·       La duración de esta primavera es de 92,74 días

1. La primavera comienza el martes 20 de marzo
La primavera dará comienzo, según el horario peninsular español, el martes 20 de marzo a las 17 horas y 15 minutos.
El Sol, visto desde la Tierra, se encuentra ahora en la última constelación del Zodíaco, la de Piscis. El 20 de marzo, en el momento del equinoccio, el Sol estará en el Punto Aries, en el que se cruzan las líneas del ecuador celeste y de la eclíptica (esta es la línea que sigue el Sol, visto desde la Tierra, a lo largo de las constelaciones del Zodíaco).
A partir de ese momento, y durante 6 meses (hasta el equinoccio de otoño), el Sol estará en el hemisferio norte celeste, por encima del ecuador celeste –y por esa razón, en Huesca ese será el semestre con mayor duración del día, mayor altura del Sol al mediodía sobre el horizonte y mayor calor–.
La primavera se inicia este 20 de marzo solo en los países del Hemisferio Norte, como el nuestro. En los países del Hemisferio Sur, como Chile, Argentina, Sudáfrica, Australia o Nueva Zelanda, el 20 de marzo comenzará por el contrario el otoño. Es su equinoccio de otoño.
En aquellos países que se encuentran a lo largo del Ecuador terrestre (como Ecuador en América, que recibe precisamente por ello su nombre, Gabón o Kenia en África o Indonesia en Asia), en los equinoccios, tanto el de primavera como el de otoño, el Sol se encuentra a mediodía justo encima de la cabeza y, en ese momento, prácticamente no hay sombras.

2. Días y noches de igual duración
En los equinoccios, el día y la noche duran lo mismo. Aproximadamente doce horas cada uno. La propia palabra equinoccio alude, precisamente, a ello. Equinoccio se forma a partir de dos palabras del latín: aequus (igual) y nox, noctis (noche) –equinoccio alude, por tanto, a que la duración de la noche es, en estas fechas, igual a la del día–.
Como es sabido, la duración del día (entendido como horas de luz solar) aumenta desde el solsticio de invierno, en diciembre, en que alcanza su mínimo, hasta el solsticio de verano, en junio, en que llega a su máximo.
En los equinoccios es, precisamente, cuando ese aumento alcanza mayor ritmo. En la ciudad de Huesca, en torno al equinoccio de primavera, el día (entendido como período de luz solar) alarga unos 3 minutos cada jornada.

3. El Sol sale y se pone exactamente por el este y el oeste
Todos sabemos que el Sol sale por el este y se pone por el oeste. Sin embargo, nuestra estrella únicamente sale y se pone exactamente en los puntos del horizonte que señalan el este y el oeste dos días al año: en los equinoccios de primavera (hacia el 20 de marzo) y de otoño (en torno al 23 de septiembre).
Durante la primavera y el verano, el Sol sale entre el este y el norte (por el noreste) y se pone entre el oeste y el norte (por el noroeste); en otoño e invierno, por el contrario, el Sol sale por el sureste y se pone por el suroeste.



4. El equinoccio de primavera y la Semana Santa
El equinoccio de primavera es el hito fijo a partir del cual se calcula una fiesta móvil (que un año cae en unas fechas y al siguiente en otras distintas), como es la Semana Santa.
La relación entre equinoccio de primavera y Semana Santa es ésta: el Domingo de Resurrección es el domingo que sigue a la Luna llena que sigue al equinoccio de primavera.
Este 2018 el día del equinoccio, es el martes 20, la siguiente Luna Llena a esta fecha es el sábado 31 de marzo. Por tanto el domingo siguiente a esta luna llena es el 1 de abril. Esta Semana Santa, por tanto, se halla muy cercana al comienzo de la primavera.
Por el contrario, si un año ha sido Luna llena poco antes del equinoccio, hay que esperar entonces hasta la siguiente Luna llena, casi un mes más tarde, y por tanto la Semana Santa de ese año es ya muy avanzado el mes de abril.
Las fechas extremas en que puede ser el Domingo de Resurrección son, concretamente, el 22 de marzo y el 25 de abril.
De la definición que hemos dado (el Domingo de Resurrección es el domingo que sigue a la Luna Llena que sigue al equinoccio de la primavera) se deduce, por un lado, que la Semana Santa es una fiesta de primavera; y por el otro, que se celebra siempre en torno a una Luna llena (y, así pues, las procesiones de Semana Santa se ven realzadas generalmente por la presencia de una gran Luna, prácticamente llena, en el cielo).



viernes, 9 de marzo de 2018

ALBERT EINSTEIN, 100 AÑOS DE RELATIVIDAD.


Al final de cada tormenta creativa solía caer enfermo. En ocasiones, como todas las grandes mentes, se olvidaba de comer y de dormir, y tras su enorme esfuerzo completando la relatividad general, Einstein pasó varios años afectado por pequeños colapsos del organismo, ictericias, hepatopatías, cálculos biliares o úlceras, en ocasiones incluso pasando varios días seguidos en la cama. En noviembre de 1915 Albert Einstein presentó por fin las ecuaciones definitivas de la relatividad general, cambiando totalmente la concepción y la perspectiva que hoy tenemos del mundo. No olvidemos que gracias a las nuevas ecuaciones quedaban resueltos todos los problemas que presentaban las ecuaciones de Newton, como la oscilación en el afelio de mercurio. Sin embargo Einstein no creó unas ecuaciones que expliquen el origen de la gravedad, a día de hoy sigue siendo un misterio. Por abstracto y surrealista que parezca, las ecuaciones de la relatividad general describen con total precisión cómo la presencia de masa deforma el espacio-tiempo, curvándolo y retorciéndolo, y cómo el movimiento de la materia se ve afectado por esta deformación. Explica también la electrodinámica de cuerpos en movimiento y cómo tanto el tamaño de los objetos como el tiempo son totalmente subjetivos, dependiendo únicamente del observador, y establece la relación directa entre masa y energía. El aparato matemático necesario para tal empresa es tan impresionante y extenso que Einstein se vio obligado a solicitar ayuda, y no fueron pocos los que le ayudaron, ni pocos fueron tampoco los que prepararon el escenario años e incluso décadas atrás.


            El concepto de relatividad no es original de Einstein, ya hablaban de ello a finales del siglo XIX dos de los físico-matemáticos más importantes de la historia, Hendrik Antoon Lorentz y Henri Poincaré, que a partir de las ecuaciones de Maxwell y del famoso experimento de Michelson-Morley, que explicaré a continuación, dedujeron que las ecuaciones de transformación de Galileo para sistemas en movimiento uniforme debían ser revisadas. En 1873, el físico teórico de origen escocés James Clerk Maxwell, posiblemente el más importante de todos los tiempos incluyendo a Newton, Planck y al mismo Einstein, que lo admiraba con total devoción desde su niñez, consiguió unificar de forma magistral y con una belleza sublime, todas las ecuaciones que explicaban los fenómenos eléctricos y magnéticos, creando así la teoría electromagnética moderna. Gracias a ello pudo deducir y obtener matemáticamente la velocidad de la luz como una constante universal con una precisión muy alta: 310.740 km/s, y además determinarla como una onda electromagnética cuya velocidad no podría superarse. De esta forma quedaban explicados los fenómenos de por qué un campo eléctrico es capaz de generar magnetismo y por qué un campo magnético puede crear electricidad; son en realidad las dos caras de una misma moneda. El problema surge en la propia esencia de la velocidad, pues cuando hablamos de ella siempre es con referencia a algo, entonces... ¿con respecto a qué se mueve la luz a esa velocidad? Por desgracia este descubrimiento respondía a un modelo mecánico del universo que no le gustaba nada a Maxwell, la existencia de un éter que llenaría todo el universo entero de forma uniforme y con una rigidez tal que permitiría la transmisión y propagación de la luz a través del mismo como si fueran ondas en un estanque. Teoría romántica y teológica donde las haya, la del éter inspiró la creación del experimento que lo cambió todo, aunque como veremos ahora, fue de una forma indirecta y fortuita. Se puede decir que es el fracaso más importante de la historia de la física.
            El experimento ingeniado por Albert Abraham Michelson (Nobel de física en 1907) y Edward Morley en 1887, estaba pensado para demostrar la existencia del éter de una vez por todas. Consistía en un aparato en forma de cruz, llamado interferómetro, dispuesto de forma que uno de los brazos iría paralelo al movimiento de la tierra y el otro perpendicular. Al emitir un haz de luz desde uno de los extremos del brazo paralelo al movimiento a un cristal central 50% reflectante y 50% transparente colocado en diagonal de forma muy precisa, éste se dividiría en dos para rebotar en dos espejos colocados en el final de los otros extremos para volver a unirse en el cristal central y finalizar su recorrido en un detector. Si el éter existía, el haz de luz que recorría el brazo paralelo al movimiento de la tierra debería verse afectado por dicho movimiento, y llegaría más tarde al detector generando la señal correspondiente. No olvidemos que en esta época seguían prevaleciendo ambas teorías sobre la luz: la corpuscular de Newton y la ondulatoria de Hyugens. Cientos de veces se realizó el experimento con instrumentación cada vez más precisa y siempre se obtenía el mismo resultado, la velocidad de la luz era constante se midiese como se midiese independientemente de la posición u orientación del interferómetro. La existencia del éter no quedaba demostrada. Este «fracaso» supuso la postulación de nuevas teorías como la que propuso el físico Georg Francis Fitzgeral, que decía que el brazo que seguía el movimiento paralelo a la tierra se contraía lo suficiente como para hacer llegar los dos rayos de luz simultáneamente al detector. Los demás científicos de la época se burlaron de esta idea, pues parecía totalmente ridícula y absurda, pero cuando el gran Hendrik Lorentz llegó a la misma conclusión a través de una simple geometría pitagórica ya nadie decía nada. Lorentz dedujo junto a Fitzgerald en 1900 las transformaciones de Lorentz-Fitzgerald, que fueron la base para la relatividad especial, no para establecer el primer postulado de la misma, sino como necesidad puramente matemática de establecer una invariancia en las ecuaciones de Maxwell, dado que para velocidades cercanas a la de la luz las de Galileo ya no servían, y la velocidad de la luz según las ecuaciones de Maxwell es siempre la misma para todo observador. A partir de aquí el monstruo fue creciendo y junto a Henri Poincaré establecieron los principios de la relatividad especial. Ni el tiempo ni el espacio eran absolutos. Aunque estas fórmulas sean la base de la teoría de la relatividad especial, cabe decir también que Albert Einstein, aunque las conocía, llegó a la misma conclusión por otro camino diferente, lo cual lo hace también merecedor del mérito.
            Erns Mach (1838-1916) también tuvo influencia en el desarrollo de las ideas del joven Einstein, pues en sus libros hablaba del tiempo como algo abstracto y sin importancia, producto del cerebro humano dado que no se podía tocar.
            Si Maxwell fue el sintetizador de trabajos de científicos tan grandes como
Ampere, Faraday u Oersted, Einstein lo fue de los de su época. Una vez sintetizada su teoría de relatividad especial en 1905, quedaba añadir la gravedad. Fue Herman Minkowski en 1907 quien se dio cuenta que la teoría de relatividad especial recién publicada podía entenderse mejor en un espacio de geometría no euclídea. Se dedicó entonces a crear el marco matemático que lo hacía posible, donde el tiempo es tratado como una dimensión espacial más, solo que esta vez unidireccional. ¿Qué significa esto? para poder entenderlo tenemos que remontarnos unos 80 años atrás cuando el matemático más grande de todos los tiempos, Carl Friedrich Gauss, mientras experimentaba con la geometría de Euclides, se dio cuenta de que unos de sus postulados podría permitir espacios curvos. Sus resultados fueron tan transgresores que no fue hasta 1854 cuando su discípulo Georg Riemman estableció las bases de dicha geometría. Einstein sabía bien que necesitaba desesperadamente comprender estos conceptos para poder incluir la gravedad en sus teorías, así que acudió a dos colegas que le versaron en el arte de las matemáticas de tensores y las geometrías no euclídeas: Georg Alexander Pick y Marcel Grossman respectivamente. La prematura muerte de Hermann Minkowski, que ya había desarrollado el marco de un espacio tetradimensional, impulsó y determinó enormemente a su discípulo David Hilbert a completar la teoría de la relatividad general antes que el propio Einstein. Se sabe que intercambiaron numerosa correspondencia en forma reservada pero condescendiente, donde comentaban algunas ideas y enfoques, se sabe también que ciertas ideas de Hilbert inspiraron y ayudaron a Einstein. Todo esto hizo que el desarrollo de la teoría de la relatividad general se convirtiera en una carrera contrarreloj en la que había bastante gente implicada. Einstein consiguió finalmente completarla antes, y como ya se nombraba a principios del artículo, la presentó en el mes de noviembre de hace 100 años. Sin embargo no fue él el primero en resolver las ecuaciones, Karl Schwarschild unos pocos meses después y también pocos meses antes de morir demostró a través de la relatividad general la existencia de agujeros negros como singularidad. Sin embargo tras completar todo su trabajo, Einstein cayó enfermo y se mantuvo unos pocos años al margen de la comunidad, tratando de recuperarse del enorme esfuerzo físico, mental y espiritual que una teoría tan extensa y compleja como ésta le exigió.
            Todos los grandes científicos de la historia han cabalgado a hombros de gigantes, y la historia detrás del desarrollo de la teoría de la relatividad general esconde muchos de ellos. No pretendo restar mérito a Einstein, pues el solo hecho de comprender la teoría en aquella época ya era digno de un premio Nobel. Famosa es la frase de Edington, el científico que, fascinado por los novedosos conceptos, la dio a conocer al mundo anglosajón, y que demostró la curvatura del espacio y el desvío de la luz durante el eclipse de 1919: «Solo hay tres personas en el mundo capaces de entender la teoría de la relatividad de Einstein. Estoy intentando pensar quien es la tercera.»

Rubén Blasco – Agrupación Astronómica de Huesca.

jueves, 8 de febrero de 2018

NEWTON, EL FIN DEL MEDIEVO


"Platón es mi amigo, Aristóteles es mi amigo, pero mi mayor amigo es la verdad". Seguramente, cuando pronunció esta célebre frase, muchas de las personas que lo conocían comprendieron inmediatamente por qué, Sir Isaac Newton, era un personaje arisco y solitario. Solo escuchar su nombre causa en nosotros un sentimiento de respeto casi divino, y nos lo imaginamos envuelto en una especie de aura mística, más digna de un sabio iluminado moderno que de uno de los últimos hombres del pensamiento medieval. Newton nunca destacó por su don de gentes, llegando a convertirse más un ser al que admirar que alguien cercano; y siempre fue una persona insegura, hasta tal punto que llegó a retrasar las publicaciones de sus grandísimos descubrimientos durante décadas por miedo a las críticas que pudiera recibir. Ya había tenido una mala experiencia al respecto con el afamado científico de la época Robert Hooke, cuando Newton dio a conocer en la Royal Society su teoría corpuscular de la luz. Robert lo criticó duramente y esto provocó que la publicación de la obra Optica se retrasara hasta la muerte del mismo. Esto choca con el verdadero pensamiento de Newton, que ya se revelaba como un visionario muy adelantado a su tiempo, con una mente tan superior, que inevitablemente le causaría un aislamiento del resto de mortales. Lejos de un universo puramente mecánico típico de Descartes, en el que un ser divino le da inicio para desentenderse de él, Newton sentía que Dios residía en cada uno de los átomos que lo componen, manifestándose a cada instante revelando unas leyes tan hermosas como simples, únicas e interrelacionadas entre sí, y que explicaban el funcionamiento del universo al completo. Sir Isaac Newton sentía que Dios le hablaba a través de las matemáticas para comprender el mundo.


            Nació en 1642 en la localidad de Woolsthorpe, en el seno de una familia humilde dedicada a la tierra y el ganado. Debido a la muerte de su padre y a un segundo matrimonio de su madre, Newton se vio desplazado a casa de su abuela, donde no hizo más que aumentar su odio hacia sus progenitores. Desde niño ya mostró dificultades para relacionarse con los demás y siempre trataba de mostrar su superioridad intelectual, lo que causaba desconfianza en sus compañeros de colegio. Siempre mostró gran habilidad en la construcción de ingenios. Solía atar linternas a las colas de cometas que él mismo diseñaba para aterrorizar a sus vecinos por las noches. Usaba también esta habilidad para ganarse la cercanía y confianza de las niñas, según el testimonio de una de ellas que, ya de anciana, se atribuyó una relación sentimental con Isaac, la única que se le conoce durante toda su vida. Durante sus años de colegio desarrolló una feroz competitividad que determinaría su carácter y modus operandi para el resto de su vida.
            En 1661, y tras demostrar sus grandes capacidades teóricas, Newton ingresó en el Trinity College de la universidad de Cambridge. Las innovadoras teorías celestes de Kepler y terrestres de Galileo habían sido ya publicadas y casi al mismo tiempo prohibidas por la iglesia católica, por lo que las enseñanzas impartidas a lo largo y ancho de Europa eran todavía la física y cosmología aristotélica. No fue hasta después de su graduación en sus Annus Mirabilis, entre 1664 y 1666, cuando, recluido en la granja donde se crió, debido a una epidemia de peste que asolaba Trinity College, hizo la mayor parte de sus grandes descubrimientos, el cálculo infinitesimal, las leyes de gravitación universal y la teoría corpuscular de la luz. Newton se encontró un panorama ya bastante bien encaminado, pero a falta de un aparato matemático capaz de englobarlo todo. Por un lado, Kepler había descubierto las órbitas elípticas de los planetas, formulando sus famosas leyes de los movimientos celestes, y por otro Galileo había encontrado unas leyes para el movimiento de los objetos en la superficie terrestre; y eran misteriosamente parecidas. Posiblemente, el famoso mito de Newton y la manzana que le inspiró a formular la ley de gravitación universal, nunca existiera y fuera una dramatización creada para dar importancia al simple hecho de que encontró la respuesta en la granja de su familia llena de manzanos. Tras calcular cuánto caía un objeto sobre la superficie de la Tierra, Newton se hizo la gran pregunta que le llevó a unificar finalmente, mediante sus tres leyes, la esfera supralunar y sublunar ¿Cuánto está cayendo la luna hacia la Tierra en cada segundo? La respuesta fue 3 milímetros. Pero no todo fue hazaña solitaria. Muchos intervinieron de forma determinante, como por ejemplo Robert Hooke, con su ley del péndulo, tanto para la fuerza centrípeta que luego formularía Newton como para el cálculo de una fuerza ejercida por un cuerpo central. O Sir Edmund Halley, descubridor del cometa que ahora lleva su nombre, el cual le propuso el problema del movimiento de los planetas entre otros.
            Pero la leyenda de Newton no se queda aquí, fue también inventor del telescopio reflector, gracias al cual fue admitido en la Royal Society, descubrió que la luz está compuesta por un haz de 7 colores que hoy llamamos arcoíris, desarrolló el calculo infinitesimal a la par de Leibniz y posteriormente los principios de la mecánica de fluidos. No obstante, fue más un hombre del medievo que de la era moderna, de hecho, podemos considerarlo al mismo tiempo el último de los alquimistas y el primero de los científicos modernos, no en vano más de tres cuartas partes de su biblioteca estaban dedicadas a la alquimia, la teología o la astrología entre otros temas esotéricos. Como dice John Maynard Keynes "Newton no fue el primero de la edad de la razón, fue el último de los magos, el último de los babilonios y sumerios". Pasó también por episodios de depresión aguda, posiblemente causados por el mercurio de sus experimentos alquímicos, pero tras recuperarse llegó a ser director de la casa de la moneda y ocupó la cátedra que hoy regenta Stephen Hawking.
            Isaac Newton fue un antes y un después, el hombre que marcó el fin de una era, a la que aún pertenecía, y el inicio de otra que llega hasta nuestros días. Heredero del legado que Copérnico destapó y genios como Kepler, Galileo, Huygens, Giordano Bruno o Descartes, supo congeniar todas las ideas que llegaron hasta su tiempo en su gran obra Principia Mathematica Philosophia Naturalis. No sin razón fue calificado como el genio más afortunado de todos los tiempos, pues una persona solo puede descubrir un sistema del mundo una vez en la historia.

Rubén Blasco – Agrupación Astronómica de Huesca