martes, 22 de noviembre de 2016

Astrosomontano y Agrupación Astronómica de Huesca lanzan su revista digital gratuita "Ventana al Universo".
Esta publicación tendrá periodicidad mensual y nos mantendrá informados con toda la actualidad astronómica. También habrá secciones como: cielo del mes, artículos, astrofotografía y mucho más.

Os dejamos enlace a nuestro primer número. Esperamos que os guste.

"Ventana al Universo"

viernes, 14 de octubre de 2016

JACA MÁS CERCA DE LAS ESTRELLAS.

Agrupación Astronómica de Huesca organiza en Jaca un Curso de iniciación a la astronomía, una de las muchas actividades que la agrupación pretende llevar a cabo en esta ciudad.

El alcalde presidente de Jaca, D. Juan Manuel Ipas y Alberto Solanes, presidente de la Agrupación Astronómica de Huesca presentaron ayer día 13 de octubre en rueda de prensa dicho curso. Pretende ser la primera iniciativa y con la que se quiere crear afición con vistas a formar un grupo de Agrupación Astronómica de Huesca en Jaca.

Alcalde presidente de Jaca, D. Juan Manuel Ipas y Alberto Solanes, presidente de la Agrupación Astronómica de Huesca
Como ha remarcado D. Juan Manuel Ipas, el ayuntamiento de Jaca tiene muchas ganas y entusiasmo en sacar adelante esta colaboración con la Agrupación Astronómica de Huesca y próximamente se firmará un convenio con dicha agrupación con el que se pretende despertar la curiosidad por la ciencia de jóvenes y mayores de esta zona. Un lugar con increíbles cielos y unos maravillosos parajes que la hacen el sitio ideal para el desarrollo de esta afición.

Alberto Solanes, presidente de la agrupación ha explicado que el convenio de colaboración en principio consistirá en una serie de actividades con periodicidad mensual de entre las cuales cabe destacar: talleres, observaciones nocturnas, charlas y conferencias en las que también se pretende traer a ponentes de renombre.
Este convenio pretende dar continuidad y mantener una afición que pueda formar un grupo de aficionados a la astronomía en la localidad. Un grupo en el que como único requisito para estar en él, sean las ganas de aprender.


Agrupación Astronómica de Huesca además de su central en Huesca, cuenta ya con sedes en Sabiñánigo, Monzón, Sariñena y Barbastro. Una agrupación sin ánimo de lucro  que cuenta con el respaldo de más de 500 socios en la provincia de Huesca.
Una agrupación por y para la divulgación de la ciencia  y la astronomía.

El curso será impartido por Carlos Garcés Manau en el Palacio de Congresos de Jaca durante los días 19, 20, 25, 26 y 27 de octubre de 19:00 a 21:00 h



Las inscripciones se realizarán en el Palacio de Congresos de Jaca, de 9:00 a 14:00 H. Precio por persona 15 €

Objetivos del curso
Acercar a los participantes, de forma didáctica y sin necesidad de conocimientos previos, las características del cielo que podemos observar cada noche, aprendiendo a distinguir las estrellas y constelaciones principales.
Y presentar los descubrimientos que la Astronomía ha realizado en los últimos siglos sobre el Sistema Solar, las estrellas, las galaxias y el Universo en expansión desde su origen en el Big Bang hace 13.800 millones de años

Clases teóricas
1. Tipos de astros visibles a simple vista (Estrellas y Constelaciones; Vía Láctea; Sol, Luna y Planetas; Eclipses; Cometas y Estrellas fugaces; Bólidos y Meteoritos).
2. Movimientos de la esfera celeste (Giro diario alrededor de la Estrella Polar; Movimiento del Sol, la Luna y los Planetas por el Zodiaco; Precesión de los Equinoccios). El Calendario (Día, Semana, Mes y Año)
3. El Universo inhumano. Los abismos de tiempo (Millones de años) y espacio (Años luz).
4. Principales descubrimientos de la Astronomía desde la Revolución Científica hasta la actualidad.
5. Los instrumentos astronómicos (Telescopios gigantes, Satélites, Naves espaciales, Detectores de rayos cósmicos, neutrinos y ondas gravitatorias y Aceleradores de partículas).

Observaciones prácticas

Descubrir y reconocer a simple vista las principales estrellas y constelaciones del cielo nocturno

martes, 11 de octubre de 2016

MitosOctubre

El cielo del Mes de Octubre

EL ANTROPOCENO, UN PARPADEO DE LA VIDA

Siempre que oigo palabras acerca de la grandeza o la divinidad del ser humano no puedo evitar acordarme de unas palabras de Carl Sagan al respecto de la vida en la Tierra, inspiradas por la distante y famosa fotografía que la sonda espacial Voyager 1 tomó desde Saturno en 1990:
            Nuestro planeta es un solitario y minúsculo grano de arena en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad, y formadora del carácter. Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido.
            Estas palabras, escritas en su libro «Un punto azul pálido» en 1994, han quedado relegadas a un pasado que creemos peor; y la especie humana, todavía atormentada por sus primitivos miedos, nacidos del aún no desaparecido instinto de supervivencia, parece creerse la dueña del planeta. Nos hemos olvidado que no somos ni más ni menos que una minúscula corriente en el fluido de los genes a través de la historia de la vida en el planeta Tierra. Una historia que empezó ya hace 3800 millones de años y que ha superado catástrofes millones de veces peores que nosotros. Somos al mismo tiempo el huésped más evolucionado y el más voraz que lo ha poblado hasta ahora. Y a eso se reduce todo. Somos una especie más, recién salidos del fango. Apenas hemos empezado a quitarnos las máscaras de nuestros rostros animales. No somos la única especie que se asocia en colonias para ser más fuerte; no somos la única que sabe usar herramientas ni la única capaz de razonar y resolver problemas; no somos la única que tiene algún tipo de cultura (se ha comprobado que muchas especies no humanas transmiten conocimientos de diversa índole a su descendencia), ni somos tampoco la única capaz de comprender y utilizar un lenguaje. No obstante, nos sentimos superiores e incluso desvinculados de la biosfera de la cual dependemos, nos envuelve un antropocentrismo exacerbado que nos ha desnaturalizado y «sobrehumanizado»; vivimos como si no hubiera un mañana, guiados por un pensamiento tan a corto plazo que nos impide ver los ciclos naturales de la Tierra como sistema autorregulador. Al igual que un virus, la especie primate humana se ha extendido a lo largo y ancho del planeta basando su vida en un sistema de consumo de recursos que no se diferencia en nada a cuando aquellos recolectores y cazadores decidieron, hace más de 10000 años, abandonar su zona de confort, saliendo de sus cuevas para aprender a cultivar y comenzar así a realizar las primeras modificaciones masivas del paisaje. La única diferencia es que ahora somos más de 7000 millones, y seguimos creciendo...


            Y ahí está precisamente lo que nos diferencia del resto de formas de vida, somos la primera especie del gran flujo que es la vida que ha sido capaz de dejar su huella geológica, imborrable hasta el fin de los tiempos. Tal es nuestra soberbia y nuestro egocentrismo que queremos llamar Antropoceno a la era en la que nos hemos desarrollado y evolucionado.
            Actualmente vivimos en la edad del holoceno, comenzada hace 11700 años, el fin del deshielo y los ciclos de glaciaciones característicos del pleistoceno permitieron una estabilidad en el clima y el nivel de los océanos que abrieron las puertas al desarrollo de las especies terrestres. Normalmente las edades de la tierra se miden en millones de años, pero nosotros queremos establecer ya la nuestra.
            La escala temporal geológica internacional es el marco de referencia para representar los eventos de la historia de la Tierra y de la vida ordenados cronológicamente. Establece divisiones y subdivisiones de las rocas según su edad relativa y del tiempo absoluto transcurrido desde la formación de la Tierra hasta la actualidad, en una doble dimensión: estratigráfica o referente a las rocas (eonotema, eratema, sistema, serie y piso); y cronológica (eón, era, período, época y edad). Grandes eventos son los necesarios para dejar huella a nivel planetario, como grandísimas erupciones globales, meteoritos los suficientemente grandes como para causar un desastre a nivel global, cambios significativos en la biosfera que produzcan extinciones masivas. La evolución de la vida ha sido hasta ahora el principal marcador sobre todo en las 5 grandes extinciones acaecidas hasta la fecha. Por lo general una gran extinción ocurre en un plazo temporal que si bien a nivel del entendimiento humano es extremadamente largo (del orden del millón de años), a nivel geológico es muy rápido. A día de hoy estamos viviendo la sexta gran extinción, también llamada Gran Extinción del Holoceno, resultado del deshielo del final del pleistoceno; y el ser humano, cómo no, está siendo influyente en su aceleración. Ninguna de las grandes extinciones del pasado ha dejado registros de una velocidad tal en la desaparición de especies. El ser humano tiene un irracional miedo a desaparecer, pero si algo nos enseña la geología, la astronomía o la propia vida es que eso es inevitable. Por mucho que pensemos que la humanidad puede convertirse en dueña de su propio destino nada está más lejos de la realidad. Nuestra duración en este planeta es finita y no será más que un parpadeo en la historia. Pero pase lo que pase, tanto si nos autodestruimos como si sobrevivimos y evolucionamos más, la biosfera no desaparecerá, es más vieja y más fuerte de lo que el ser humano jamás llegará a ser. Futuras especies evolucionadas aparecerán, quizás varias al mismo tiempo, y también quizás pasen por lo mismo que nosotros, al fin y al cabo, es evolución y tenemos que pasar por ello. Una fase adolescente, donde uno se rebela contra los valores con los que ha crecido y busca su propia identidad, donde el mañana aún no existe y el pasado parece lejano. El salmo V del «Tao Te King» dice El universo no tiene sentimientos, todas las cosas son para él como perros de paja. Un simple estornudo del planeta puede acabar con nuestra existencia en un abrir y cerrar de ojos. Esas futuras civilizaciones encontrarán nuestra huella geológica en diversas formas: una extinción masiva (que quizás termine dentro de medio millón de años) provocada por los cambios químicos en la atmósfera, la hidrosfera y los ecosistemas del mundo, restos de radiactividad en nuestro estrato producto de las miles de pruebas de bombas nucleares realizadas, los residuos generados como resultado de nuestro modo de vida. Una de las características que define el grado de madurez de una civilización es el uso más o menos responsable que hace de la energía y a día de hoy nos encontramos con un derroche absurdo y sin sentido; tan solo explicable por la necesidad de rellenar un vacío interno provocado por el instinto de supervivencia. Vivimos aferrados a la idea de encontrarle un sentido a nuestra vida.

Invernaderos de Almería
            El impacto del ser humano sobre el planeta a nivel global es ya indiscutible, hemos modificado montañas, anegado playas, contaminado océanos. Partículas de plástico ya están en la cadena alimentaria, el globo está plagado de alimentos modificados genéticamente, existen sedimentos de residuos industriales ya petrificados para el resto de los tiempos prácticamente en cada país. Hemos generado productos químicos capaces de destruir nuestro propio ADN como el óxido de titanio. Sin embargo, todo mal precede a un gran bien, y aunque las cosas llegarán a ponerse mucho peor, la especie humana cambiará cuando ya no le quede más remedio. Será eso o adaptarnos a los cambios que nosotros mismos habremos producido.
            Estamos cerca de descubrir vida extraterrestre, no es una cuestión de probabilidad sino de tiempo. Es prácticamente seguro que la vida es la norma en este universo y así está evolucionando el conocimiento desde hace unas pocas décadas. Nuestra visión del mismo se amplía cada vez más y con ella nuestra mente y nuestra conciencia. Dado que somos parte inseparable de la vida, la propia vida se amplía imparablemente con el paso del tiempo. Una vez confirmemos que no somos tan especiales podremos trascender al siguiente nivel de evolución, donde descubriremos que nuestros poderes e inteligencia no nos pertenecen a nosotros en exclusiva sino a la propia vida y su conjunto. No puede ser que estemos aquí para no poder seguir y ver lo que nos depara el futuro, merecería la pena, aunque solo fuera sentarse a observar lo afortunados que somos.



Rubén Blasco – Agrupación Astronómica de Huesca

lunes, 5 de septiembre de 2016

Cielo del mes de septiembre. Latitud 42º Astrosomontano, Agrupación Astronómica de Huesca

Descripción del cielo del mes de septiembre. Contelaciones, Lunas del mes, mitología y mucho más.


PRÓXIMA B, COMIENZA LA EXPLORACIÓN INTERESTELAR

Hasta ahora nuestro planeta es el único mundo conocido que alberga vida. Desde los lugares con climas más extremos hasta las profundidades del océano, la naturaleza siempre demuestra su gran poder de adaptación y propagación. Existen chimeneas volcánicas en los suelos oceánicos rodeadas de agua extremadamente fría, privados de luz y a una altísima presión, donde viven bacterias gracias al calor y los gases que emanan; animales como la almeja de Islandia, que puede llegar a superar los 400 años de vida; medusas (como la Turritopsis dohrnil) que no mueren de forma natural, o lo que es lo mismo, son inmortales. Los tardígrados por ejemplo son unos microorganismos invertebrados, también llamados osos de agua, que son capaces de sobrevivir en las condiciones más extremas. Soportan presiones de 6000 atmósferas, temperaturas desde -200º hasta 150 ºC, pueden estar 10 años privados de agua y son el único organismo vivo conocido capaz de sobrevivir en el vacío del espacio. En 2013 el microbiólogo británico Milton Wainwright, junto a un grupo de científicos de la universidad de Sheffield, descubrieron mediante un globo atmosférico, unos microorganismos a 27.000 metros de altura justo después del máximo de las Perseidas. La conclusión a la que llegaron es que, dado su tamaño, no podían proceder de nuestro planeta, por lo tanto, su origen debía de ser forzosamente extraterrestre.

ESO/M. Kornmesser
            Tenemos una privilegiada posición en nuestro Sistema Solar, justo en la mitad de la zona habitable. La Tierra posee un campo magnético que la protege de las peligrosas radiaciones solares y cósmicas. Tenemos también la cantidad suficiente de agua líquida como para que se genere un complejo sistema climático y un ciclo del agua, sin el cual no sería posible tanta diversidad. Es además un planeta «vivo», en constante transformación y movimiento tectónico, y con historia suficiente como para haber desarrollado vida inteligente. Pero a pesar de poblar un planeta tan inmensamente rico como el que usted pisa mientras lee este artículo, desde tiempos inmemoriales estos animales tan curiosos llamados seres humanos han querido ir un paso más allá.
            A día de hoy nos encontramos especialmente interesados en la búsqueda de vida extraterrestre, pues tras diversos estudios se ha concluido que un astro no ha de estar necesariamente en la zona habitable para albergar vida. En nuestro sistema solar por ejemplo se está haciendo especial énfasis cuatro puntos concretos: el planeta Marte, las lunas Encelado y Titán de Saturno, y Europa, perteneciente a Júpiter. Cabe destacar que solo Marte está situado en la zona habitable de nuestro Sistema Solar, pero la intensa actividad interna de las lunas de los gigantes gaseosos hace pensar que puedan existir zonas de agua líquida bajo su superficie helada, permitiendo el desarrollo de ciertos organismos. Desde el descubrimiento del primer planeta exterior al Sistema Solar en 1995 y los posteriores estudios del telescopio espacial Kepler, que descubrieron literalmente miles de exoplanetas más, nuestros horizontes se han ampliado de una forma que no esperábamos. La conclusión es que la mayoría de estrellas, especialmente las enanas rojas, tienen planetas y muchos de ellos están en la zona habitable. Se calcula que el 73% de las estrellas de nuestra galaxia son enanas rojas, y la gran mayoría de ellas tienen planetas rocosos. Hablando en números, solo en nuestra galaxia podría haber 60.000 millones de mundos potencialmente habitables, y que podrían albergar vida. Una de esas pequeñas estrellas rojas es nuestra vecina más cercana, Próxima Centauri, tan tenue que no se ve a simple vista, y solo mediante telescopios de cierta potencia puede vislumbrarse un minúsculo punto rojo. Este pálido punto rojo se ha convertido recientemente en el centro de atención de todo el mundo. Próxima Centauri está orbitada por un planeta de tipo terrestre, en la zona habitable y de un tamaño ligeramente superior al nuestro, llamado Próxima b.
            Puede parecer algo sencillo, pues los medios de comunicación nos vomitan la información a medias. Incluso podría parecer que una «nave» haya ido a hacerle una foto, o que cualquiera con su telescopio casero podría ver dicho planeta. Nada más lejos de la realidad. La tecnología empleada para el descubrimiento de exoplanetas es la misma que hace 20 años, y ésta es la espectrografía.
            Mediante la espectrografía se pueden descubrir pequeñísimas variaciones en el brillo de una estrella, causados por el tirón gravitatorio que puede generarle un planeta. Debido al efecto Doppler la estrella sufre un corrimiento al rojo y al azul causado por el bamboleo. Gracias al extremadamente preciso espectrógrafo H.A.R.P.S. (High Accuracy Radial velocity Planet Searcher) del European Southern Observatory situado en Chile, se han podido observar estas variaciones periódicamente y descubrir, sin ningún tipo de duda, la existencia de este planeta, al que se ha bautizado como Próxima b.  
            Como hemos dicho antes, Próxima Centauri es una enana roja situada a 4,22 años luz de la Tierra, posiblemente pertenezca a un sistema estelar triple junto a Alfa Centauri A y B, aunque esto está por confirmar. Su masa es un octavo la del Sol y su radio un séptimo, lo que la hace mucho más pequeña (es algo más grande que el planeta Júpiter), pero su densidad es 40 veces mayor. Su radiación en todo el espectro electromagnético es extremadamente baja, un 0,17% la del Sol, y cae todavía más en lo referente a luz visible, un 0,0056%. Es además una estrella fulgurante, es decir, que sufre aumentos bruscos e impredecibles en su brillo y en su radiación en todo el espectro, lo que la hace peligrosa en sus proximidades.
            El descubrimiento de Próxima b orbitando esta estrella ha despertado la imaginación de todo el mundo. Se trata de un planeta 1,3 veces más masivo que La Tierra, está situado a 7,5 millones de km de la superficie de la estrella por lo tanto está en la zona habitable; se calcula que su temperatura media rondaría los 40 grados (aunque esto depende de muchos factores como la existencia o no de atmósfera y su composición), lo que permitiría la existencia de agua líquida; y que tarda en completar una órbita 11,2 días. No presenta inclinación de su eje respecto a la órbita. Dada su proximidad a la estrella, Próxima b recibe 30 veces más radiación ultravioleta que La Tierra y 250 veces más rayos X. De no tener una atmósfera adecuada y un campo magnético fuerte su superficie será un árido desierto infértil por la radiación. Según los cálculos realizados por resonancias gravitatorias puede presentar dos tipos de rotación: una mostrando siempre la misma cara a la estrella, lo cual supondría un hemisferio muy caliente y otro muy frío; y otra en relación 3:2 (3 rotaciones por cada 2 traslaciones), que suavizaría un poco más la temperatura media del planeta entero. Presentándose el primer tipo de rotación no existirían estaciones del año y harían falta como mínimo 0,6 veces la masa de agua terrestre para que ésta siempre estuviera líquida. Por debajo de dicho límite toda el agua estaría congelada en el hemisferio nocturno, creando unos muros de hielo en la zona de penumbra que recordarían a los de Juego de Tronos. Además, hay que considerar la posibilidad de que la alta actividad de su estrella en su etapa inicial haya evaporado la mayor parte del agua.
            Todo esto ha sido gracias a un gran equipo de científicos de todo el mundo liderados por el español Guillem Anglada-Escudé de 37 años de edad, profesor titular de la Universidad Queen Mary de Londres y astrofísico; y a la colaboración de diversos centros de todo el mundo: el European Southern Observatory de Chile, Las Cumbres Observatory Global Telescope Network en California, Space Observatory de San Pedro de Atacama o el BOOTES del Instituto Astrofísico de Andalucía; instituciones como la Universidad Queen Mary de Londres, el Instituto Astrofísico de Andalucía con el CSIC, la Universidad de Chile, Centro de Astrofísica de la Universidad do Porto, el Instituto de Astrofísica de la Universidad de Göttingen y la Universidad de Montpellier.
            El Dr. Guillem Anglada respondió muy amablemente a una cortísima entrevista sobre el descubrimiento: «La estrella comenzó a monitorizarse por otros grupos en 2000. Nosotros (yo y mi colega Mikko Tuomi), combinamos los datos adquiridos con dos surveys (HARPS y UVES) en 2012. Ahí es cuando la detección preliminar de la señal se detectó. Hemos estado trabajando en esto desde entonces». Respecto al arduo trabajo conjunto a nivel global Guillem tuvo la responsabilidad de liderar el equipo: «Organicé un poco de estructura con los líderes de cada observatorio. Yo manejé, coordiné y analicé los datos de HARPS, Cristina Rodriguez del IAA organizó el seguimiento con el telescopio ASH2, y Yiannis Tsappras (Heidelberg) organizó el seguimiento fotométrico con LCOGT». Cuando le preguntamos acerca de lo que supuso para el equipo la respuesta fue la siguiente: «Todos pusimos muchos esfuerzos. Esta no era una colaboración financiada explícitamente. La única recompensa era participar en el artículo si es que había algo a reportar. Todo el mundo puso muchas horas y trabajo rápido para tenerlo todo a punto para mandar a publicar en menos de un mes. Supongo que todos lo celebraron a su manera. ¡Nunca nos hemos reunido todos juntos en el mismo sitio!» Nuestra más sincera enhorabuena al Dr. Guillem Anglada y a todo el equipo que colaboró.
            Próxima Centauri ya era punto de mira desde principios del 2016 debido al proyecto Starshot, en el que participa Stephen Hawking y que pretende iniciar la era de los viajes interestelares. Consistiría en una flota de sondas minúsculas ancladas a unas gigantescas velas y que estarían impulsadas mediante láseres desde La Tierra. Esta suerte de ingenios parecidos a barcos veleros llegarían a un 20% de la velocidad de la luz, donde ya se notarían los efectos relativistas en lo referente al paso del tiempo. Para hacernos una idea de lo lejos que está hagamos una comparativa: con el proyecto Starshot se tardarían 20 años en llegar a Próxima Centauri, si usáramos la nave New Horizons que llegó a Plutón el tiempo empleado sería de casi 20.000 años y si viajásemos en el Apollo 11 que pisó la Luna por primera vez, nos costaría llegar nada menos que 202.000 años.
            Visto así ya no parece tan fácil... aún quedan muchísimas tecnologías por descubrir para poder llegar este nuevo mundo, sin embargo, es lógico pensar que se trate de nuestro primer destino en lo referente a viajes interestelares. Sea como sea ésta parece la primera misión que iniciará una generación, pero será la siguiente la que reciba los resultados. La búsqueda de vida extraterrestre sigue su curso y como decíamos al principio, la Tierra es por ahora el único mundo conocido. Si descubrimos vida en otros mundos resultará que ya no somos tan especiales y nuestro concepto de la misma cambiará radicalmente; nos daremos cuenta de que la vida podría ser la norma en el universo y que ésta aparece a la mínima oportunidad que tiene. Por otro lado, si realmente somos el único mundo con vida, o somos los primeros en aparecer en este aún joven universo, no puedo dejar de sentir una enorme responsabilidad. Tenemos la obligación de aprender a gestionar nuestra casa que llamamos Tierra, aprender a vivir todos unidos y en paz con un objetivo común, prosperar como especie inteligente que somos.



Rubén Blasco – Agrupación Astronómica de Huesca.

lunes, 8 de agosto de 2016

El Cielo en Agosto Latitud 42º

Breve descripción de nuesrto cielo, astronomía, mitología, etc. Vídeo realizado por Astrosomontano. Sede de Agrupación Astronómica de Huesca en Barbastro.