jueves, 5 de octubre de 2017


JOHANNES KEPLER


LA ARMONIA DEL MUNDO DE JOHANNES KEPLER

          “Pero en medio de todo está el Sol. Porque ¿quién podría colocar, en este templo hermosísimo, esta lámpara en otro o mejor lugar que ése, desde el cual puede, al mismo tiempo, iluminar el conjunto? Algunos, y no sin razón, le llaman la luz del mundo; otros, el alma o gobernante. Trimegisto le llama el Dios visible, y Sófocles, en su Electra, el que todo lo ve. Así en realidad, el Sol, sentado en trono real, dirige la ronda de la familia de los astros.”
          Así de contundente dictaba Copérnico en su revolucionaria obra “Sobre la revolución de los orbes celestes” con la que, definitivamente, se iniciaba el heliocentrismo como un tren sin frenos. Estas palabras hicieron mella en la joven mente de Johannes Kepler que, en una época en la que se estaban removiendo los mismísimos cimientos del mundo, se declaró heliocentrista convencido. Pese a tener un pensamiento más próximo al medievo que a la era moderna, este enigmático y desconocido científico fue capaz, por fin, de darle una armonía al mundo y desentrañar los movimientos de los astros.
          Kepler nació en el seno de una buena familia venida a menos, en una pequeña localidad del sur de Alemania llamada Weil, en 1571. Ya desde pequeño, y a lo largo del resto de su vida, se vio perseguido por la mala suerte. Su tía fue quemada en la hoguera por brujería y más tarde su propia madre fue acusada por la inquisición por la misma razón; aunque afortunadamente consiguió librarse de la suerte de su hermana. Su primera esposa murió a causa de la locura y los 7 hijos que tuvo con la segunda murieron antes que él a causa de accidentes y enfermedades. No es aventurado, pues, pensar que Johannes Kepler se refugió en los cielos a la vez que en su propia mente. Platónico empedernido, se tomó como meta en la vida desentrañar los secretos del cosmos, pues una creación divina no podía sino responder a una ley tan bella como simple. Así que, lleno de determinación, emprendió un camino que ni siquiera él mismo pudo llegar a imaginarse.  Fue además un hombre capaz de trascender sus propios prejuicios, dejando a un lado las ideas preconcebidas que todavía se arrastraban de Aristóteles, para ceñirse exclusivamente al estudio de datos exhaustivos (fueran cuales fueran sus implicaciones). Y en aquella época, los datos más precisos del mundo estaban el poder de Tycho Brahe.
          Tycho Brahe fue un excéntrico noble apasionado de la astronomía que no solo perfeccionó, sino que también inventó, nuevos aparatos de medida. Su precisión en las mediciones y observaciones, siempre a simple vista, llegaron prácticamente al límite de lo que era posible antes de la invención del telescopio. No obstante, poco tiempo después, Galileo decidió utilizarlo para algo más que para la navegación y decidió apuntarlo hacia el cielo. Tycho Brahe sin embargo, era un detractor acérrimo de la teoría heliocéntrica de Copérnico y no fue capaz de aceptar la abrumadora evidencia de su trabajo le ponía ante sus ojos. No obstante, contribuyó de una forma decisiva al definitivo derrumbe de dos de los grandes pilares de la cosmología del medievo:
          1.- la inmutabilidad de los cielos, demostrando que la supernova aparecida en 1572 no era un fenómeno sublunar sino la aparición de una nueva estrella.
          2.- la existencia de las esferas cristalinas que transportaban los planetas, conclusión a la que llegó estudiando la trayectoria de los cometas.
          Kepler, atraído por la magnitud de su trabajo, quiso obtener los datos de Tycho para así poder desentrañar la armonía del movimiento planetario, de forma que el 1 de enero del año 1600 puso rumbo al observatorio de este último. La relación no fue buena, pues hablamos de dos mentalidades completamente diferentes: pensamiento moderno frente a pensamiento medieval. Lamentablemente su trabajo conjunto no llegó a dos años, Tycho Brahe murió en 1601. Kepler entonces se obcecó en conseguir los datos, viéndose obligado a robárselos a la familia Brahe.
Y éste fue el principio de todo. Kepler era un excelente matemático (recordemos que las matemáticas entonces no estaban muy desarrolladas) y utilizando todo su ingenio se lanzó a estudiar las posiciones planetarias, primero de la Tierra, pues ahora estaba en movimiento, y después de Marte, el más enigmático de todos. La enorme precisión de los datos de Tycho Brahe le permitió descubrir una pequeña excentricidad en la circunferencia de las órbitas tanto de Marte como de la Tierra, concluyendo así que las órbitas eran elipses. Nació así la primera ley de Kepler: “Las órbitas de los planetas son elipses y el Sol está en uno de sus focos”; y la segunda: “La velocidad orbital de un planeta es tal que una línea imaginaria que lo una con el Sol barre áreas iguales en tiempos iguales”. Su emoción por haber descubierto una armonía común tan hermosa lo llevó a intentar ir más allá, hallando así su tercera ley: “Los cuadrados de los periodos de los planetas son directamente proporcionales a los cubos de sus distancias medias al Sol”.
Lo más sorprendente son las conclusiones que dedujo de todos sus descubrimientos. Dedujo que del Sol emana una fuerza que, al igual que la luz, disminuye con la distancia, haciendo girar más despacio a los planetas más lejanos. Pensó entonces que la Tierra ejercía la misma fuerza sobre la Luna y que los objetos ofrecían una resistencia al movimiento proporcional a su masa, así como que los objetos se atraen entre si de una forma inversamente proporcional a sus masas… un pensamiento bastante cercano al de Newton; y muchas veces se dice que Newton simplemente resolvió el problema que había dejado Kepler… pero eso lo estudiaremos en otro artículo.

Rubén Blasco – Agrupación Astronómica de Huesca


jueves, 7 de septiembre de 2017

Relato de un eclipse. EEUU 2017

Hace ya más de un año que la Agrupación se puso a trabajar para preparar una expedición a EE. UU. para observar el eclipse de Sol de este pasado mes de agosto de 2017.


Un reto que se complicó en el momento en el que se abrió el plazo de preinscripción, 150 inscritos de los que al final fueron 120.
Preparar un viaje de este tipo para 120 personas se presentaba tarea harto complicada.
Debería ser un viaje atractivo sin que se disparara el precio y apto para todos los públicos. También tendríamos que complementarlo con algo más relacionado con la astronomía y había que movilizar, proporcionar alojamiento y desplazar dos autobuses simultáneamente (sólo había un eclipse y no podíamos dividir el grupo en dos turnos).
Los viajes al Oeste de EE. UU. se disparaban de precio y en los viajes al Este, aunque el tiempo era mucho más inseguro, podíamos visitar también Cabo Kennedy (Cabo Cañaveral). Finalmente se apostó por la segunda opción, aunque fuera más arriesgada y el tiempo pudiera no acompañar el día del eclipse.


¡El 16 de agosto la expedición se puso en marcha!
120 personas entre socios y simpatizantes de AAHU y socios de otras agrupaciones pusimos rumbo a Miami.



Una visita a Miami y próxima parada, nuestro segundo plato fuerte del viaje (el primero era el eclipse), visita a Kennedy Space Center de la NASA. Base que usa la NASA desde 1968 para el lanzamiento de cohetes.
El transbordador Atlantis, un Saturno V, Cápsula del Apolo XIV, trajes espaciales originales y un tour en bus por las áreas restringidas de estas instalaciones: plataformas de lanzamiento de la NASA, Space X, Boeing, edificio de ensamblaje... en fin, un sueño para cualquier aficionado a la astronomía y viajes espaciales.





Tercer y cuarto día: Orlando. A disfrutar peques y mayores con los parques temáticos: Walt Disney World, Universal Studios...


Próximo destino: Savannah. Desde allí partirá nuestra expedición para ver el eclipse (comienzan los nervios). De camino visitamos la población de San Agustín.
Día 21: Día del Eclipse.
Las previsiones meteorológicas no cambiaban desde hacía días. Un 60% de probabilidad de lluvias y, por lo tanto, nubes. La previsión de lluvias en la zona costera y despejado en el interior se alternaba caprichosamente haciendo más complicada, si cabe, la elección del lugar para la observación.
Previendo tráfico intenso y atascos, según advertían las autoridades, a las 8 AM  en los autobuses, preparados para partir en busca del eclipse.
Horror!. Todos montados y un autobús con una rueda pinchada!
No podía ser cierto!


Se tomó la decisión de salir un autobús por delante y así ver qué tiempo había en la zona y determinar qué dirección tomar, si hacia la costa o al interior.
Tomamos la interestatal 95, rumbo norte y al llegar al cruce con la 26 decidimos ir un poco hacia el interior para ver cómo pintaba el cielo. Había bastantes nubes y tormentas alrededor, pero hacia la costa parecía mucho peor. Decidimos parar en un área de servicio cerca de la localidad de Orangeburg para esperar al segundo autobús. Una zona gigantesca, con jardines, sombras, servicios, en la que ya se respiraba el ambiente del eclipse. Incluso había una caravana gigante instalada en la que se leía "Cazadores de eclipses". Buena señal!. El pinchazo nos había llevado hasta allí y la suerte estaba echada. Veríamos el eclipse de Sol desde ese lugar. No quedaba más que cruzar los dedos y esperar a que el cielo se despejara en las cuatro horas que quedaban de espera.


A la hora y media llegó el segundo autobús. Varios compañeros comenzaron a montar sus telescopios y equipos fotográficos en el lugar elegido. Los nervios estaban a flor de piel.


A las 13:14:40 comenzaba la fase de parcialidad y continuaban las nubes y claros. Se pudo hacer un seguimiento muy bueno de esta fase, pero algunas nubes amenazaban con tapar el Sol en el momento justo de la fase de totalidad.

Foto: Diego Fernandez
10 minutos para el eclipse total: pasa la última nube y el cielo queda totalmente despejado. Por fin pudimos relajarnos un poco. Un aficionado que había venido desde Alabama para ver el eclipse y también había terminado en ese lugar, portátil en mano, nos hizo una cuenta atrás.
10, 9, ... 3, 2, 1 y...oscuridad total. Gritos de alegría, abrazos, todos señalando al Sol... increíble!. Imposible describirlo con palabras, un espectáculo único!.



Ahí estaba!, la Luna, el Sol y su increíble corona, estrellas, planetas, todo a la vista a las 14:43:40.
La fase de totalidad acabó a las 14:46:03. Precioso pero corto, muy corto, pero con la satisfacción de haber conseguido el principal objetivo del viaje: ver un eclipse total de Sol. Un momento compartido por 120 compañeros de agrupación, sin duda todo un hito en AAHU.
Al día siguiente, y todavía asimilando lo que habíamos visto, continuamos nuestro viaje. Charleston, Raleigh (Museo de Ciencias Naturales), Washington (Museo Smithsonian del Aire y el Espacio, Capitolio, La Casa Blanca, Washington Monument, Jefferson Monument, Lincoln Memorial...), Nueva York (Estatua de la Libertad, Times Square, Chinatown, Metropolitan, Moma...).







Día 13: regreso a casa.
Un increíble viaje en el que la suerte nos acompañó.
AAHU ya está trabajando en su siguiente viaje: 2018, destino Madagascar (cielo austral).

Agradecimientos especiales para: Alberto Solanes, Olga Pallruelo y demás personal de la Agrupación que han hecho posible este viaje.
También agradecimientos para Marian Lopez y Jose Antonio Molina de Viajes Nautalia, agencia con la que hemos realizado este viaje.
J.A

miércoles, 6 de septiembre de 2017

         EL CIELO DEL MES DE SEPTIEMBRE 2017.  ASTROSOMONTANO    AAHU



                                          COPÉRNICO EL REVOLUCIONARIO

            

             En muchas ocasiones, lo más admirable de la inteligencia del ser humano, no es su capacidad para encontrar la verdad, sino la de persistir en un error, y desarrollarlo hasta tal punto que acaba convirtiéndose en verdad. Solo somos capaces de conocer el mundo en la medida que nos conocemos a nosotros mismos. Cuando la humanidad se encuentra, ignorante, en uno de esos atolladeros, la observación del mundo suele estar desajustada con las herramientas de medida, y surgen correcciones que complican más y más el modelo vigente. Solo alguien con una mente superior, no solo a la de sus contemporáneos, sino también a la de su propio tiempo, alguien con una visión más allá de las ideas preconcebidas, es capaz de cambiarlo todo de forma que el mundo ya nunca vuelva a ser el mismo. En la historia de occidente solo tres personas han sido capaces de algo tan audaz: Pitágoras de Samos, Nicolás Copérnico y Albert Einstein; pero si hemos de nombrar a alguno de ellos como ejemplo de lucha contra los propios prejuicios y las ideas preconcebidas, sin duda ése es Copérnico.

            En una convulsa época donde el gélido oscurantismo medieval se iba fundiendo con la cálida luz que traía el tsunami del humanismo italiano en el S. XIV, la concepción del mundo iba poco a poco resquebrajándose inevitablemente con los mazazos de los nuevos descubrimientos. El arte demandaba un resurgir de las ideas clásicas griegas; un genovés llamado Colón, descubría un nuevo mundo; el hombre demandaba protagonismo frente a Dios; la invención de la imprenta abría una nueva era de difusión del conocimiento, hasta entonces recluido en monasterios; caía la orden teutónica, última de las órdenes de caballería medievales; Constantinopla era conquistada por los Turcos; se creó la iglesia protestante de manos de Lutero y se demostró empíricamente por primera vez que la Tierra es esférica, entre otras muchas cosas. Y en todo ese huracán, el menor de los hermanos de una familia adinerada de Torun, Polonia, ponía la guinda al pastel tras años de lucha interna, sabiendo que sus nuevas teorías podrían poner el mundo patas arriba. Por primera vez en la historia aparecía una teoría heliocéntrica explicada matemáticamente con gran detalle, que sería el principio del fin del geocentrismo. Estamos hablando del Renacimiento.

            Copérnico tuvo acceso tanto a antiguos escritos como mediciones de anteriores astrónomos como el Almagesto de Ptolomeo, las tablas alfonsíes sufragadas por Alfonso X el Sabio, o el Catálogo de las estrellas de Ulug Beg. Ahí encontró interesantes teorías como la de Aristarco de Samos, que proponía por primera vez el heliocentrismo, pero más a nivel filosófico que científico, las de Azarquiel, que adjudicaba a Mercurio una órbita elíptica en vez de circular, o Hicetas y Heráclides que creían que la Tierra rotaba sobre su eje. Promovido seguramente por el ambiente creativo e innovador de la Universidad de Cracovia y por su mentor en astronomía Domenico María de Novara, Nicolás Copérnico se vio imbuido de una curiosidad exacerbada por descubrir los entresijos de la maquinaria celeste. En el S. XV todavía no existía el telescopio, los instrumentos de medida eran todavía los mismos que habían estado usando los griegos muchos siglos antes, como el sextante, el astrolabio, la esfera armilar o el triquetrum, pero más precisos y más grandes, lo que permitía obtener datos más exactos. Y tal como decíamos al principio del artículo, el ser humano es capaz de persistir en un error sin saberlo mientras no tenga la evidencia suficiente. Copérnico se dio cuenta de que la ciencia estaba en un callejón sin salida. Había llegado el momento de abrir la caja de pandora.

            Siendo un hombre profundamente religioso y con una gran admiración por las teorías de Aristóteles y Ptolomeo, no somos capaces de imaginar la lucha interna a la que debió estar sometido mientras, año tras año, iba obteniendo nuevos datos y recopilando información en su observatorio. Iba a ser el artífice de la destrucción del mundo tal y como había sido conocido durante casi dos mil años. Tenía que estar preparado para respaldar cualquiera de sus afirmaciones. La Inquisición era extremadamente dura con todo aquel que cuestionara el sistema preestablecido, así que decidió dotar a su teoría con el mayor aparato matemático que se conoce hasta esa fecha.

            En su libro Commentariolus hace un resumen y una exposición anticipada de su visión del cosmos, y pese a haber tenido una aceptación mayor de lo que esperaba, Copérnico seguía reticente a publicarlo por lo que solo circularon copias entre sus más allegados. Pero su gran obra, la que le llevó 30 años escribir y completar, fue De Revolutionibus Orbium Coelestium (Sobre las Revoluciones de los Orbes Celestes). Una obra que le perturbaba profundamente por sus implicaciones y por sus consecuencias. Posiblemente no sería aceptada e incluso podría ser condenado por la iglesia católica, que lo había nombrado canónigo en la catedral de Fromborg en 1501. Pero lo que más le preocupaba es que podría cambiar el mundo radicalmente, incluso, pensaba él, sumirlo en el caos. Pese a todos esos prejuicios, su determinación a resolver el enigma celeste era tan fuerte que pasaba noche tras noche estudiando el cielo.

            Esta obra monumental consta de 6 libros: en el primero presenta una visión general de la teoría heliocéntrica, y una explicación corta de su concepción del mundo, en el segundo los principios de la astronomía esférica y una lista de las estrellas, el tercero está dedicado a los movimientos aparentes del Sol, en el cuarto se describe la Luna y sus movimientos orbitales y los dos últimos explican detalladamente el funcionamiento del nuevo sistema. Copérnico tuvo especial cuidado en los cálculos matemáticos y fue muy meticuloso a la hora de refutar la anterior teoría. Sentía un profundo respeto por la genialidad de Ptolomeo (su Almagesto era su libro de cabecera), así que, punto por punto, fue rebatiendo los inconvenientes que presentaba el geocentrismo y ofreciendo una alternativa que se ajustaba más a los datos obtenidos durante las observaciones. Puede considerarse sin ninguna duda la obra más importante de la historia de la ciencia y el principio del método científico.

            No solo dio al mundo la visión del cosmos que hoy sigue vigente. También contribuyó a la sociedad con la reforma del calendario, el establecimiento de una moneda polaca, un precio justo para el pan y el trigo o elaborando mapas. Fue además afamado médico en toda Europa, una de esas personas tan admiradas que parecen ir a la vanguardia del mundo, abriendo un camino entre tinieblas, tan osado que pocos se atreven a seguir después. Pero una vez plantada la semilla, el árbol acaba por crecer, y a día de hoy damos gracias a la vida por habernos mandado a un Copérnico.


Rubén Blasco – Agrupación Astronómica de Huesca


jueves, 4 de mayo de 2017

ALBERT EINSTEIN, EL HOMBRE.

            Max Planck tenía la responsabilidad de la edición de los Annalen der Physik, cuando, en 1905, aparecieron en la revista dos artículos fundacionales de la teoría de la relatividad. El primero de ellos apareció en junio y llevaba por título «Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento». El segundo artículo era más corto, de no más de dos páginas, titulado « ¿Depende la inercia de un cuerpo de su contenido de energía?», y en él se deducía la famosa ecuación que hoy puede verse incluso impresa en camisetas. Ambos iban firmados por un joven de 26 años nacido a orillas del Danubio, en la humilde y hermosa localidad de Ulm, Alemania, y por entonces residente y nacionalizado suizo que trabajaba en la oficina de patentes de Berna, llamado Albert Einstein. Parece ser que pasaron sin pena ni gloria, porque en los números siguientes al de su publicación no apareció ni un solo comentario, ni siquiera crítico. Un poco más tarde Einstein recibió una carta de Berlín. La remitía Max Planck, y en ella le pedía la clarificación de algunos puntos de su artículo. La carta llenó de júbilo a Einstein. No solo era un indicio de que su artículo no había pasado inadvertido, sino que venía firmada por uno de los más grandes físicos del momento y por lo tanto, tratándose de la época dorada de la física teórica, uno de los más grandes de la historia.


            Por aquel entonces Einstein no pasaba por un buen momento, sus padres no aprobaban su matrimonio con Mileva Maric, algo mayor que él, y a la que había conocido en la universidad de Zurich. La falta de trabajo en su campo (la física teórica) y el duro período de pobreza que atravesaba su familia, le hizo contemplar la posibilidad de abandonar sus aspiraciones científicas y emplearse en una compañía aseguradora. Sin embargo consiguió mantenerse en la cuerda floja haciendo malabarismos de un precario trabajo a otro: dando clases particulares, trabajos ocasionales como profesor sustituto... llegando a comer muy poco, por estas razones Einstein se vio obligado a aceptar el, ya mencionado antes, trabajo como evaluador de futuras patentes en Berna. Esto le mantuvo a flote y en actividad científica mientras la semilla de la relatividad especial, plantada en la comunidad, iba progresando.

            Si aquel joven de 16 años, que un buen día se preguntó cómo se vería el mundo montado en un rayo de luz y cómo se vería su onda electromagnética, hubiera sabido que el mismísimo Max Karl Ernest Luwdig Planck se interesaría por sus trabajos e incluso colaboraría en el desarrollo de su teoría de la relatividad general, con toda seguridad no se lo hubiera creído. Albert Einstein fue un joven humilde que creció en un ambiente innovador y muy técnico, pues su padre Hermann y su tío Jakob poseían una empresa dedicada a la ingeniería eléctrica, y su vivienda se encontraba junto a la fábrica. Desde pequeño siempre tuvo curiosidad por los ingenios mecánicos y llegaba a pasar horas con su tío Jakob, que era el motor innovador de la empresa. Siempre se pone a Einstein como ejemplo de mal estudiante, incluso de niño con dificultades en su desarrollo puesto que no empezó a hablar hasta los 2 años (y cuando lo hizo se repetía constantemente), pero a día de hoy sabemos que eso no es cierto, solía ser el primero de su clase, especialmente en matemáticas y física, y siempre demostró una curiosidad que le llevaba a cuestionar la autoridad de sus profesores y mostrar constantemente su desacuerdo con el sistema educativo alemán. Seguramente fue ésta la razón que lo movió a emigrar a Suiza para ingresar en la Escuela Politécnica de Zurich. Irónicamente, en 1913, el mismo Planck que acabada de ser nombrado rector de la Universidad de Berlín, apareció para gran sorpresa de un admirado Einstein, en Zurich (aparentemente en viaje familiar), rogándole que volviese a Alemania para continuar ahí sus estudios. Obviamente Einstein aceptó.

            Pero no es solo relatividad todo lo que reluce en la vida de Albert, muchas otras contribuciones (y no solo científicas) brillan a día de hoy en nuestro mundo de hoy en día. En 1922 ganó el premio Nobel, no por la relatividad, sino por su demostración del efecto fotoeléctrico, que constata la naturaleza cuántica-corpuscular de la luz, gracias a lo cual hoy existen las placas solares fotovoltaicas. Trató, aunque de forma infructuosa, de unificar las ecuaciones de Maxwell con sus propias ecuaciones de gravitación relativistas, posiblemente las más importantes de la historia, que explican por completo los fenómenos electromagnéticos. Fundamentó teóricamente todas las bases necesarias para el desarrollo del LASER. Predijo un quinto estado de la materia a milésimas por encima del cero absoluto, llamado el condensado de Bose-Einstein (que no pudo demostrarse experimentalmente hasta 1995). Escribió numerosos libros no científicos como «El mundo como yo lo veo» o «Mis ideas y opiniones». Demostró de forma incontestable la existencia de los átomos en sus estudios sobre el movimiento Browniano. Estableció la equivalencia entre masa y energía, sentando las bases de la energía nuclear. Contribuyó enormemente, aunque muy a su pesar, al desarrollo de la mecánica cuántica. Siempre se mostró reticente ante la naturaleza probabilística que ésta mostraba, diciendo dos famosas frases que siguen citándose (incluyendo este artículo) hasta la saciedad «El azar no existe, Dios no juega a los dados» y «Cuantos más éxitos cosecha la teoría cuántica, más ridícula parece».

            En 1933, siendo ya una estrella mundial y mediática más allá de la ciencia, y habiendo conseguido ser una leyenda en vida a la altura de Pitágoras, Galileo o Newton, volvió a renegar de su herencia alemana después de que Hitler se alzase en el poder. Emigró a Estados Unidos definitivamente, aunque ya se había convertido en un ciudadano del mundo dando conferencias sobre sus trabajos por todo el globo desde que en 1919 se constatara definitivamente como correcta su teoría de la relatividad general, cuando se comprobó cómo la acción del campo gravitatorio del Sol desviaba la luz de las estrellas que lo rodeaban durante un eclipse. Extremadamente afortunados debieron sentirse los alumnos de la universidad de Zaragoza cuando Albert Einstein impartió dos conferencias en la Facultad de Medicina y Ciencias durante los días 12 a 14 de marzo de 1923, el mismo alcalde lo llevó en su coche al Hotel Universo, y tras emocionarse viendo una rondalla y abrazar a una jotera presa del júbilo, y maravillarse ante la basílica del Pilar, acabó por decir que «solo en Zaragoza había percibido las palpitaciones del alma española».

            Parece increíble que un científico forjado en una época donde todo el universo se reducía a la Vía Láctea fuera capaz de crear una teoría tan bella como eficiente y que a día de hoy sigue abarcando todo el universo conocido. Su herencia sigue viva en prácticamente cada rincón de nuestras ajetreadas vidas: en los láseres de los lectores de BlueRay, en los GPS, en los generadores fotovoltaicos, en los viajes espaciales, en las centrales nucleares, y prácticamente en cada uno de los átomos que nos componen. Aquí parece estancarse la imagen del hombre que nos dio una nueva perspectiva del mundo, y que a nivel filosófico nos enseñó que todo punto de referencia es correcto, solo hay que tener en cuenta el ángulo desde que estamos mirando. Todo cambió aquel día de 1998 cuando su constante cosmológica, que se vio obligado a introducir en sus ecuaciones para evitar matemáticamente el colapso del universo, y a la que él mismo llamó el mayor error de su vida, volvió a resucitar tras descubrirse la expansión acelerada del universo, obligándonos a crear el concepto tan misterioso que llamamos energía oscura, y que nos ha obligado a replantearnos todos los cimientos de nuestra ciencia. Pero ésa, amigos, es otra historia.



Rubén Blasco – Agrupación Astronómica de Huesca.

martes, 21 de marzo de 2017

El cielo del mes de marzo 2017





Como cada mes nuestros compañeros de AAHU en Barbastro, AstroSomontano, nos han preparado el "Vídeo del mes de marzo 2017" en el que nos dan toda la información sobre próximas efemérides astronómicas, visibilidad de los planetas, constelaciones del mes, etc.