martes, 9 de octubre de 2018

LEIBNIZ, EL ÚLTIMO GENIO UNIVERSAL


            Al abordar el estudio de un sabio como Gottfried Wilhem Leibniz lo primero que se descubre es que un solo artículo de esta envergadura es insuficiente para mostrar la grandeza de su genio y la magnitud de su obra. Su trabajo está a caballo entre el final de revolución científica (que tuvo lugar durante el renacimiento) y el principio de la era moderna. Fue uno de los últimos científicos universales, capaz de destacar en cualquier campo en el que decidiera meterse, cual rey Midas que convierte en oro todo lo que toca. Fue contemporáneo de otros grandes de aquella época como Isaac Newton, Christian Huygens, Robert Boyle o Robert Hook. Gottfried Wilhem Leibniz puede ser considerado como el último de los grandes sabios propios de una era en la que las opciones universitarias quedaban reducidas a tres: teología, derecho y medicina. Sirva pues este artículo como introducción a todas aquellas aportaciones que este gran sabio pudo llegar a hacer en su vida. Este será el primero de una serie de varios trabajos que, no solo mostrarán las obras por la que es más famoso, como la creación del cálculo en matemáticas o la de la filosofía alemana moderna, sino también por otros menos conocidos, como ser inventor de la primera calculadora completa o el molino eólico aplicado a la minería, y también por otros desconocidos para el público como ser el creador del código binario, iniciar el concepto de globalización o ser el creador de la paleontología.


                Leibniz es conocido principalmente por ser aquél que se disputó con Isaac Newton la autoría del cálculo infinitesimal, herramienta matemática que cambiaría la ciencia y la concepción del mundo para siempre, pero en realidad contribuyó de forma notable y en ocasiones incluso decisiva, en prácticamente todos los campos de conocimiento que existían en aquel tiempo. Nació en Leipzig el uno de julio de 1646. A la edad de 15 años ya estaba especializado en filosofía y derecho por la universidad de Leipzig. A los 17 años le fue vetado el doctorado en derecho por ser demasiado joven y tuvo que esperar hasta los 21 para conseguirlo. Pero sin embargo puede ser considerado un erudito en matemáticas, física, derecho, filosofía, política, geología, teología, lingüística, comunicación, alquimia, ingeniería; y fue además inventor, juez, divulgador de ciencia e impulsor de la cultura.

                Como matemático, la gran mayoría de la gente sabe que fue uno de los fundadores del cálculo junto con Newton, ambos llegaron a soluciones iguales por caminos contrarios, lo cual dio a luz al teorema fundamental del cálculo tal y como lo conocemos hoy. Muchos otros habían contribuido anteriormente a su avance y posteriormente otros tantos sintetizaron y simplificaron el sistema, que se extendió por la comunidad científica como el polen en primavera. De esto hablaremos más ampliamente en el siguiente artículo.

                En filosofía fue seguidor de Descartes y se le puede considerar sin duda alguna como el fundador de la filosofía alemana e iniciador de una visión más pesimista del mundo (Kant estudió su filosofía a fondo). Su concepción de las mónadas, basada en el atomismo griego, ayudó al desarrollo posterior de la teoría atómica. Las mónadas son entidades indivisibles e independientes, aisladas del resto, cuyo movimiento interno había sido iniciado por dios con perfecta precisión al inicio del universo (armonía preestablecida); y todo está compuesto por ellas sin dejar lugar al vacío. Tenía también una visión unificada de espacio y tiempo (a los que no consideraba absolutos) por lo que es un precursor reconocido del relativismo. Otro artículo nos servirá para describir su cosmología y concepción del mundo, así como su filosofía.

                Como lingüista fue siempre un superdotado, gracias al acceso que tuvo a la biblioteca de su padre tras su trágica muerte. A los 12 años hablaba perfecto latín y balbuceaba griego de forma totalmente autodidacta. Llegó a entender el lenguaje y las matemáticas como si fueran la misma cosa. Algunas de sus ideas en este campo quizá fueron demasiado innovadoras y no llegaron a cuajar hasta décadas más tarde. Se dio cuenta que a través del lenguaje cada cultura ve el mundo de una manera, que todas las lenguas tenían conceptos y estructuras comunes, por lo que debería haber existido un solo idioma primigenio del que derivaban todos los actuales. Decía que ese idioma seguía codificado en todos los idiomas del mundo e hizo una enorme cantidad de anotaciones al respecto. Por esto mismo propuso que la historia debía estudiarse conjuntamente con el idioma. Planteó la creación de un lenguaje universal mediante simbología al estilo del alfabeto chino, y aún fue más allá, pues planteó también la concepción de unas ideas básicas encriptadas en símbolos que darían, mediante su unión, origen a ideas más complejas; al más puro estilo de las mónadas de su cosmología. Y en relación a esto, fue también el creador del código binario, base de nuestra tecnología actual, que no es ni más ni menos que el lenguaje de los ordenadores. De todo esto hablaremos con más profundidad en otro artículo.

                Y aún hay mucho más. Fue también inventor de la primera máquina calculadora que realizaba las cuatro operaciones básicas, del molino eólico aplicado a la industria; como geólogo estudió los volcanes y apoyó la existencia de un fuego central, como bibliotecario creó el sistema vigente de clasificación alfabética, como político tenía una visión unificada del mundo por lo que sus ideas pueden considerarse iniciadoras de la globalización, fundó academias, promovió la música y la ópera, escribió numerosos libros de todos los campos… e incluso llegó a crear un campo nuevo de estudio, la paleontología. Todo esto y más cosas que se quedan en el tintero serán objeto de otro artículo (y espero que el último).

                Pese a todo este gran trabajo que sirvió para mejorar el mundo conocido, Gottfried Wilhem Leibniz murió prácticamente solo, acompañado de sus familiares y amigos más cercanos, sin honores, sin homenajes de ninguna de las academias a las que perteneció, sin presencia eclesiástica y nada más que unas pequeñas menciones a modo de esquela en aquellas revistas en las que colaboraba. Fue sin lugar a duda un gran adelantado a su tiempo y no fue hasta el siglo XX que comenzó a conocerse la grandeza de su obra. Sirvan pues esta serie de artículos para rendirle el homenaje que se merece.

Rubén Blasco – Agrupación Astronómica de Huesca

miércoles, 18 de julio de 2018

JAMES LOVELOCK Y LA TEORÍA GAIA.

N.A.S.A., 1961. El profesor James Lovelock, licenciado en química por la Universidad de Manchester en 1941, en medicina por la Escuela de Londres de Higiene y Medicina Tropical en 1948, y en biofísica por la Universidad de Londres en 1959, es convocado para el desarrollo de instrumentación de alta precisión para incorporarla al programa Viking. Su misión es el estudio de habitabilidad del planeta Marte; y de darse las condiciones, la búsqueda de vida en el mismo. Cuando llega a las instalaciones de desarrollo de la N.A.S.A. el panorama que se encuentra es desolador. Ingenieros mecánicos, inexpertos en el campo de la biología, son los encargados de crear detectores de vida. El profesor Lovelock se interesa por una especie de ingenio cubicular parecido a una trampa. Cuando pregunta acerca de su funcionamiento, el ingeniero padre de la criatura le responde: “Es un atrapa moscas, según nuestras observaciones Marte es un planeta completamente cubierto de desiertos. Todo el mundo sabe que en los desiertos viven camellos, por lo que estoy seguro de que mi dispositivo será capaz de atrapar alguna de las numerosas moscas que vuelan a su alrededor”. James Lovelock vaticina el fracaso absoluto de la misión, aun cuando el planeta estuviese rebosante de vida. En colaboración con Carl Sagan, determinan que la mejor forma de estudiar la habitabilidad y la existencia de vida en Marte es mediante el análisis de su atmósfera. Fue a partir de aquí cuando, en la mente del brillante profesor James Lovelock, empezaron a germinar las semillas de la que sería su aportación científica más controvertida: La Teoría Gaia.


                Los análisis de la atmósfera de Marte determinaron que se trataba de un planeta inerte, pues se encontraba cerca del total equilibrio químico, con una gran mayoría de dióxido de carbono en su composición y apenas oxígeno. Carl Sagan barajó la posibilidad de que todavía albergara oasis de vida, quizás donde quedase algo de agua, pero finalmente se descartó esta opción. Fue durante este periodo cuando James Lovelock se percató de la enorme influencia que la vida tiene en la química de un planeta. Gracias al ciclo del agua, los nutrientes fluyen por todo el planeta, y gracias al aire, los gases emitidos por las diferentes formas de vida se extienden a lo largo y ancho del planeta. La gravedad se encarga de trasladar los materiales de arriba hacia abajo, pero la vida lo hace lateralmente, e incluso de abajo hacia arriba. La teoría Gaia propone que todas las formas de vida y las no vivas de un planeta, forman un complejo sistema en interacción que puede ser considerado como un solo organismo vivo. De esta manera, la biosfera ejerce una influencia tal sobre el planeta, que mantiene una regulación de las condiciones aptas para la propia vida. El planeta al completo así, se convierte en un sistema autorregulado. Sin teologismos, sin divinidades, simple acción y reacción.

                James Lovelock desarrolló esta teoría en su época de científico independiente. Gracias al desarrollo de ciertos inventos, cuyas patentes le proporcionaron ingresos de por vida, no necesitó de financiación de gobiernos ni universidades. Fue el inventor del detector de electrones, tan sensible (a día de hoy sigue siendo el método de detección química más sensible que existe) que fue capaz de detectar en partes por millón la existencia de compuestos clorofluocarbonados en la atmósfera (o CFC’s) que hoy sabemos son tan perjudiciales para la capa de ozono; de hecho, James Lovelock vaticinó su desaparición completa si no se regulaba el uso de fertilizantes y pesticidas. Si bien en principio se rieron de él, con el paso de los años se demostró que tenía razón. En 1952 también realizó aportaciones, que luego fueron cruciales, en el campo de la criogenización de células. Sus investigaciones demostraron que el daño celular se produce cuando el hielo se separa en cristales como sustancia pura de otras como sales y soluciones. En esa misma década participó en el desarrollo de soluciones para el resfriado común y para otras infecciones respiratorias. Es también inventor del detector de Argón, importantísimo para la cromatografía de gases. Todas estas aportaciones le permitieron ser uno de los pocos científicos que, a día de hoy, con casi 99 años, pueden considerarse autofinanciados.

                El no verse sometido a voluntades comerciales de multinacionales o intereses políticos de gobiernos e instituciones, pudo dedicarse a lo que realmente le interesaba: la química planetaria. Durante los primeros 25 años (y aún a día de hoy) sus ideas fueron fuertemente criticadas, tildándolas de religiosas más que de científicas. James Lovelock entonces volvió al ataque con un modelo computerizado y matematizado al que llamó el planeta de las margaritas. Este demuestra que, ante la variación en la emisión de energía de una estrella, un planeta con vida ejerce una resistencia al cambio, siempre y cuando sigan existiendo condiciones de habitabilidad. El modelo consiste en un planeta cubierto de margaritas de diferentes tonos desde blanco hasta negro. Una baja emisión de energía estelar favorece la existencia de margaritas negras, las cuales absorben calor y mantienen una temperatura constante; por el contrario, un aumento de emisión energética favorecería el crecimiento de margaritas blancas, que reflejarían gran parte de esa energía, manteniendo de nuevo una temperatura constante. Aplicándolo a nuestro planeta podemos decir que la vida, mediante su interacción con el medio ambiente, mantiene con enorme fuerza unas condiciones de temperatura y química planetaria aptas para sí misma.

                Hoy la teoría está no solo aceptada sino ampliamente demostrada, y sus resultados se extrapolan al estudio de otros planetas, como por ejemplo la terraformación (convertir en habitable un planeta), o la búsqueda de vida en los miles de exoplanetas que hemos descubierto, mediante en análisis de su composición atmosférica. Se puede decir sin temor a equivocarnos que James Lovelock es uno de los mayores precursores del ecologismo durante el siglo XX y uno de los más influyentes científicos en el avance de la exploración espacial. Hoy no conserva esperanza en que la humanidad, con nuestro nivel de tecnología actual, sea capaz por sí misma de sanar el daño que hemos hecho en la atmósfera y el océano. Por eso propone macroproyectos de geoingeniería, como el bombeo de agua rica en nutrientes desde las profundidades del mar, y así favorecer el desarrollo masivo de microorganismos, que reducirían los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera. Es también un acérrimo defensor de la energía nuclear como alternativa a los combustibles fósiles.

                Con casi un siglo de existencia, el profesor Lovelock sigue siendo un científico independiente, más cercano al artista renacentista que al mercenario a sueldo de los intereses de un gobierno. Hoy uno ya no sabe si la ciencia está al servicio de la humanidad o del interés de las multinacionales, pero es más necesaria que nunca la existencia de este tipo de investigadores.

Rubén Blasco – Agrupación Astronómica de Huesca

miércoles, 11 de abril de 2018

Aragón en el sistema solar. Presentación libro y G-Astronomía


El Planetario y la Agrupación Astronómica de Huesca inauguran el puente de San Jorge con una velada para descubrir y “saborear” Aragón en el Sistema Solar

Ø Sesión especial en la cúpula del Planetario para viajar por los rincones de “Aragón en el sistema solar” con posterior exhibición y degustación de productos alimenticios del Pirineo.



El Planetario de Aragón y Agrupación Astronómica de Huesca inauguran el Puente de San Jorge el próximo 20 de abril, viernes, con una actividad muy especial que nos permitirá “saborear” Aragón en el Sistema Solar.

En la primera parte de la velada, que tendrá lugar en la cúpula del Planetario, los asistentes podrán realizar un viaje insólito hasta los lugares aragoneses presentes en el Sistema Solar. La tecnología 3D del Planetario nos acercará, en un recorrido hasta ahora nunca realizado, hasta 12 sitios de nuestro Sistema Solar con sello aragonés. Por ejemplo, en nuestro satélite natural, la Luna, podemos encontrarlos Montes Pirineos, una cadena de crestas llamadas Dorsum Azara, o el Cráter Cajal. El planeta Mercurio rinde homenaje al pintor Goya en un cráter con su nombre. El río Ebro aparece hasta tres veces asignado a elementos del Sistema Solar, también tenernos un río Gállego, un embalse denominado la Sotonera, lugares bautizados como Zaragoza y Teruel, y también la localidad pirenaica de Chía, afincada en Marte.


Una parte de Montes Pyrenaeus, fotografiada en diciembre de 1968 por el Apolo 8, la primera misión tripulada a la Luna (Foto: NASA).


Este viaje tan especial será conducido y explicado por Carlos Garcés, historiador y miembro dela Agrupación Astronómica de Huesca que, junto a otros compañeros de la asociación,han trabajado en la recopilación de datos y material gráfico para escribir el libro “Aragón en el Sistema Solar”, publicado recientemente y que será presentado en el Planetario de Aragón.

La parte “G-Astronómica”vendrá de la mano de Chez Marzola, y de su propietaria Elena Bernad, que tras la proyección realizará una actividad orientada a poner en valor los productos gastronómicos de nuestra Comunidad autónoma, y más en concreto aquellos elaborados por pequeños productores del Pirineo.

Chez Marzola apuesta desde su establecimiento, abierto recientemente en el centro de Huesca, por los productos de cercanía, de calidad, sostenibles con el entorno, y que promueven la biodiversidad, como una forma de asegurar la pervivencia en nuestros pequeños pueblos.

Aceites, dulces,panes, vinos, mermeladas, quesos y embutidos…todo un universo gastronómico consello aragonés que también se sumará a la fiesta de San Jorge el viernes 20 de abril en el Planetario de Walqa. 

La actividad “Aragónen el Sistema Solar” tendrá lugar a las 20:00 horas, y tiene un coste de 5€. Elaforo es limitado, por lo que las entradas se deben adquirir previamente en laweb www.espacio042.com