Y sin embargo, te miro

Por Luis Escaned (AAHU)

El domingo 31 de mayo hay luna azul. Así se le llama a la segunda luna llena que ocurre en un mismo mes, y mayo abrió y cerró con lunas llenas el 1 y el 31, un fenómeno astronómico poco frecuente, pues sucede cada dos o tres años, pero además, ese día se añade la peculiaridad de ser también una microluna.

Este relato es una reflexión sobre un observador curioso que disfruta la belleza particular de este fenómeno.

Asómate el domingo por la noche a la terraza, ventana o balcón para mirarla. ¡La próxima luna azul será en diciembre de 2028!


Empujo la puerta despacio, el aire fresco de la noche me recibe al salir al balcón, el mundo entero parece dormir y allí, proyectada sobre las frías baldosas por la luz pálida del cielo, mi sombra se estira a mis pies. Es mi única compañera en esta vigilia, una confidente muda que nunca juzga. Me acodo en la barandilla buscando la oscuridad y comienzo a hablarle en susurros, como quien comparte un secreto que solo la noche puede guardar.

El calendario marca que es 31 de mayo, y mi telescopio mental, ese que se alimenta de datos y no de lente, me dicta la verdad con una frialdad matemática.

Sé con la certeza de quien ha leído demasiados libros de astronomía que la Luna Azul es un fraude cromático. La atmósfera de la Tierra no es como la de Marte, es mucho más densa, hay muchas más moléculas de gas. La falta de esas moléculas de gas y la gran cantidad de polvo provoca que se filtren los colores cálidos y que los amaneceres y atardeceres se vean azules, no como en la Tierra, que son rojizos... pienso como si hablara a mi sombra.

—Dispersión Rayleigh —murmuro.

La Luna sigue siendo del mismo color hueso, polvo y silencio de siempre. Se llama azul solo porque el calendario gregoriano, en su torpeza por encajar los ciclos celestes en meses humanos, ha dejado que mayo se desborde con dos lunas llenas. Es un error de contabilidad, no un prodigio óptico.

Y luego, el asunto de la microluna

—¡Es una tontería! —le digo a la sombra de mi balcón—. Está en el apogeo, a unos 405.000 kilómetros. Científicamente, el diámetro aparente de la Luna es apenas un 10% o 14% más pequeño que cuando es una superluna. El ojo humano, un instrumento imperfecto y fácil de engañar, es incapaz de notar la diferencia sin una fotografía de referencia al lado —le puntualizo a mi sombra.


Para cualquier observador casual, esta luna es idéntica a la de cualquier otra noche clara. No es “micro” para mis pupilas, solo para las ecuaciones.

Sin embargo, no puedo dejar de mirarla.

Hay algo profundamente romántico en ese conocimiento técnico que, lejos de romper el hechizo, lo hace más íntimo. Mirar la Luna sabiendo que es una microluna es como amar a alguien por un detalle que solo tú conoces, una peca invisible, un miedo, un secreto, una cicatriz que nadie más nota. 

El mundo ve la misma bola de plata de siempre, pero yo sé que esta noche está un poco más lejos, un poco más sola, intentando pasar desapercibida en el punto más remoto de su elipse.

La llamaron azul porque el nombre le daba una dignidad de joya rara, aunque yo supiera que era mentira. La miro como micro porque me gusta la idea de que estuviera intentando alejarse, como si buscara un poco de privacidad en la inmensidad del vacío.

Es la paradoja del conocimiento: cuanto más entiendo la física de su órbita, más entiendo mi propia insistencia en buscarle un significado. Es como esa frase que se dice cuando la lógica dicta que deberías marcharte, pero el corazón ya ha echado raíces:

Sé que no eres especial por tu tamaño, ni por tu color, ni por tu posición en el calendario... y, sin embargo, te miro.

Me quedo allí, apoyado en la barandilla, ignorando la evidencia de los datos y rindiéndome ante la belleza de lo sutil. Porque, al final, la astronomía nos da los hechos, pero es el romanticismo el que nos obliga a levantar la cabeza para comprobarlos.

Esta noche de mayo, la Luna no cambia de color ni de tamaño a los ojos del mundo. Pero a los míos, nunca ha sido tan pequeña, tan lejana y, por tanto, tan necesaria.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Última entrada

Y sin embargo, te miro

Por Luis Escaned (AAHU) El domingo 31 de mayo hay  luna azul . Así se le llama a la segunda luna llena que ocurre en un mismo mes, y mayo ab...