Mito de Orion Noviembre 2016
El video del mes de AstroSomontano. El mito de Orión en Grecia y el mito de Osiris en Egipto.
JACA MÁS CERCA DE LAS ESTRELLAS.
Agrupación Astronómica de Huesca organiza en Jaca un Curso
de iniciación a la astronomía, una de las muchas actividades que la agrupación
pretende llevar a cabo en esta ciudad.
El alcalde presidente de Jaca, D. Juan Manuel Ipas y Alberto
Solanes, presidente de la Agrupación Astronómica de Huesca presentaron ayer
día 13 de octubre en rueda de prensa dicho curso. Pretende ser la primera
iniciativa y con la que se quiere crear afición con vistas a formar un grupo de
Agrupación Astronómica de Huesca en Jaca.
| Alcalde presidente de Jaca, D. Juan Manuel Ipas y Alberto Solanes, presidente de la Agrupación Astronómica de Huesca |
Como ha remarcado D. Juan Manuel Ipas, el ayuntamiento de
Jaca tiene muchas ganas y entusiasmo en sacar adelante esta colaboración con la
Agrupación Astronómica de Huesca y próximamente se firmará un convenio con dicha
agrupación con el que se pretende despertar la curiosidad por la ciencia de jóvenes
y mayores de esta zona. Un lugar con increíbles cielos y unos maravillosos
parajes que la hacen el sitio ideal para el desarrollo de esta afición.
Alberto Solanes, presidente de la agrupación ha explicado
que el convenio de colaboración en principio consistirá en una serie de
actividades con periodicidad mensual de entre las cuales cabe destacar:
talleres, observaciones nocturnas, charlas y conferencias en las que también se
pretende traer a ponentes de renombre.
Este convenio pretende dar continuidad y mantener una
afición que pueda formar un grupo de aficionados a la astronomía en la
localidad. Un grupo en el que como único requisito para estar en él, sean las
ganas de aprender.
Agrupación Astronómica de Huesca además de su central en
Huesca, cuenta ya con sedes en Sabiñánigo, Monzón, Sariñena y Barbastro. Una
agrupación sin ánimo de lucro que cuenta
con el respaldo de más de 500 socios en la provincia de Huesca.
Una agrupación por y para la divulgación de la ciencia y la astronomía.
El curso será
impartido por Carlos Garcés Manau en el Palacio de Congresos de Jaca durante
los días 19, 20, 25, 26 y 27 de octubre de 19:00 a 21:00 h
Las inscripciones se realizarán en el Palacio de Congresos
de Jaca, de 9:00 a 14:00 H. Precio por persona 15 €
Objetivos del curso
Acercar a los participantes, de forma didáctica y sin
necesidad de conocimientos previos, las características del cielo que podemos
observar cada noche, aprendiendo a distinguir las estrellas y constelaciones
principales.
Y presentar los descubrimientos que la Astronomía ha
realizado en los últimos siglos sobre el Sistema Solar, las estrellas, las
galaxias y el Universo en expansión desde su origen en el Big Bang hace 13.800
millones de años
Clases teóricas
1. Tipos de astros visibles a simple vista (Estrellas y
Constelaciones; Vía Láctea; Sol, Luna y Planetas; Eclipses; Cometas y Estrellas
fugaces; Bólidos y Meteoritos).
2. Movimientos de la esfera celeste (Giro diario alrededor
de la Estrella Polar; Movimiento del Sol, la Luna y los Planetas por el
Zodiaco; Precesión de los Equinoccios). El Calendario (Día, Semana, Mes y Año)
3. El Universo inhumano. Los abismos de tiempo (Millones de
años) y espacio (Años luz).
4. Principales descubrimientos de la Astronomía desde la
Revolución Científica hasta la actualidad.
5. Los instrumentos astronómicos (Telescopios gigantes,
Satélites, Naves espaciales, Detectores de rayos cósmicos, neutrinos y ondas
gravitatorias y Aceleradores de partículas).
Observaciones
prácticas
Descubrir y reconocer a simple vista las principales
estrellas y constelaciones del cielo nocturno
EL ANTROPOCENO, UN PARPADEO DE LA VIDA
Siempre que oigo palabras acerca de
la grandeza o la divinidad del ser humano no puedo evitar acordarme de unas
palabras de Carl Sagan al respecto de la vida en la Tierra, inspiradas por la
distante y famosa fotografía que la sonda espacial Voyager 1 tomó desde Saturno
en 1990:
Nuestro
planeta es un solitario y minúsculo grano de arena en la gran y envolvente
penumbra cósmica. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, no hay ni un
indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de
nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga
vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra
especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, por el
momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía
es una experiencia de humildad, y formadora del carácter. Tal vez no hay mejor
demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de
nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos
los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese
punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido.
Estas palabras, escritas en su libro «Un punto azul
pálido» en 1994, han quedado relegadas a un pasado que creemos peor; y la
especie humana, todavía atormentada por sus primitivos miedos, nacidos del aún
no desaparecido instinto de supervivencia, parece creerse la dueña del planeta.
Nos hemos olvidado que no somos ni más ni menos que una minúscula corriente en
el fluido de los genes a través de la historia de la vida en el planeta Tierra.
Una historia que empezó ya hace 3800 millones de años y que ha superado
catástrofes millones de veces peores que nosotros. Somos al mismo tiempo el
huésped más evolucionado y el más voraz que lo ha poblado hasta ahora. Y a eso
se reduce todo. Somos una especie más, recién salidos del fango. Apenas hemos
empezado a quitarnos las máscaras de nuestros rostros animales. No somos la
única especie que se asocia en colonias para ser más fuerte; no somos la única
que sabe usar herramientas ni la única capaz de razonar y resolver problemas;
no somos la única que tiene algún tipo de cultura (se ha comprobado que muchas
especies no humanas transmiten conocimientos de diversa índole a su
descendencia), ni somos tampoco la única capaz de comprender y utilizar un
lenguaje. No obstante, nos sentimos superiores e incluso desvinculados de la
biosfera de la cual dependemos, nos envuelve un antropocentrismo exacerbado que
nos ha desnaturalizado y «sobrehumanizado»; vivimos como si no hubiera un
mañana, guiados por un pensamiento tan a corto plazo que nos impide ver los
ciclos naturales de la Tierra como sistema autorregulador. Al igual que un
virus, la especie primate humana se ha extendido a lo largo y ancho del planeta
basando su vida en un sistema de consumo de recursos que no se diferencia en
nada a cuando aquellos recolectores y cazadores decidieron, hace más de 10000
años, abandonar su zona de confort, saliendo de sus cuevas para aprender a
cultivar y comenzar así a realizar las primeras modificaciones masivas del paisaje.
La única diferencia es que ahora somos más de 7000 millones, y seguimos
creciendo...
Y
ahí está precisamente lo que nos diferencia del resto de formas de vida, somos
la primera especie del gran flujo que es la vida que ha sido capaz de dejar su
huella geológica, imborrable hasta el fin de los tiempos. Tal es nuestra
soberbia y nuestro egocentrismo que queremos llamar Antropoceno a la era en la
que nos hemos desarrollado y evolucionado.
Actualmente
vivimos en la edad del holoceno, comenzada hace 11700 años, el fin del deshielo
y los ciclos de glaciaciones característicos del pleistoceno permitieron una
estabilidad en el clima y el nivel de los océanos que abrieron las puertas al
desarrollo de las especies terrestres. Normalmente las edades de la tierra se
miden en millones de años, pero nosotros queremos establecer ya la nuestra.
La
escala temporal geológica internacional es el marco de referencia para
representar los eventos de la historia de la Tierra y de la vida ordenados
cronológicamente. Establece divisiones y subdivisiones de las rocas según su
edad relativa y del tiempo absoluto transcurrido desde la formación de la
Tierra hasta la actualidad, en una doble dimensión: estratigráfica o referente
a las rocas (eonotema, eratema, sistema, serie y piso); y cronológica (eón,
era, período, época y edad). Grandes eventos son los necesarios para dejar
huella a nivel planetario, como grandísimas erupciones globales, meteoritos los
suficientemente grandes como para causar un desastre a nivel global, cambios
significativos en la biosfera que produzcan extinciones masivas. La evolución
de la vida ha sido hasta ahora el principal marcador sobre todo en las 5
grandes extinciones acaecidas hasta la fecha. Por lo general una gran extinción
ocurre en un plazo temporal que si bien a nivel del entendimiento humano es
extremadamente largo (del orden del millón de años), a nivel geológico es muy
rápido. A día de hoy estamos viviendo la sexta gran extinción, también llamada
Gran Extinción del Holoceno, resultado del deshielo del final del pleistoceno;
y el ser humano, cómo no, está siendo influyente en su aceleración. Ninguna de
las grandes extinciones del pasado ha dejado registros de una velocidad tal en
la desaparición de especies. El ser humano tiene un irracional miedo a
desaparecer, pero si algo nos enseña la geología, la astronomía o la propia
vida es que eso es inevitable. Por mucho que pensemos que la humanidad puede
convertirse en dueña de su propio destino nada está más lejos de la realidad.
Nuestra duración en este planeta es finita y no será más que un parpadeo en la
historia. Pero pase lo que pase, tanto si nos autodestruimos como si
sobrevivimos y evolucionamos más, la biosfera no desaparecerá, es más vieja y
más fuerte de lo que el ser humano jamás llegará a ser. Futuras especies
evolucionadas aparecerán, quizás varias al mismo tiempo, y también quizás pasen
por lo mismo que nosotros, al fin y al cabo, es evolución y tenemos que pasar
por ello. Una fase adolescente, donde uno se rebela contra los valores con los
que ha crecido y busca su propia identidad, donde el mañana aún no existe y el
pasado parece lejano. El salmo V del «Tao Te King» dice El universo no tiene sentimientos, todas las cosas son para él como
perros de paja. Un simple estornudo del planeta puede acabar con nuestra
existencia en un abrir y cerrar de ojos. Esas futuras civilizaciones
encontrarán nuestra huella geológica en diversas formas: una extinción masiva
(que quizás termine dentro de medio millón de años) provocada por los cambios
químicos en la atmósfera, la hidrosfera y los ecosistemas del mundo, restos de
radiactividad en nuestro estrato producto de las miles de pruebas de bombas
nucleares realizadas, los residuos generados como resultado de nuestro modo de
vida. Una de las características que define el grado de madurez de una
civilización es el uso más o menos responsable que hace de la energía y a día
de hoy nos encontramos con un derroche absurdo y sin sentido; tan solo
explicable por la necesidad de rellenar un vacío interno provocado por el
instinto de supervivencia. Vivimos aferrados a la idea de encontrarle un
sentido a nuestra vida.
![]() |
| Invernaderos de Almería |
El
impacto del ser humano sobre el planeta a nivel global es ya indiscutible,
hemos modificado montañas, anegado playas, contaminado océanos. Partículas de
plástico ya están en la cadena alimentaria, el globo está plagado de alimentos
modificados genéticamente, existen sedimentos de residuos industriales ya
petrificados para el resto de los tiempos prácticamente en cada país. Hemos
generado productos químicos capaces de destruir nuestro propio ADN como el
óxido de titanio. Sin embargo, todo mal precede a un gran bien, y aunque las
cosas llegarán a ponerse mucho peor, la especie humana cambiará cuando ya no le
quede más remedio. Será eso o adaptarnos a los cambios que nosotros mismos
habremos producido.
Estamos
cerca de descubrir vida extraterrestre, no es una cuestión de probabilidad sino
de tiempo. Es prácticamente seguro que la vida es la norma en este universo y
así está evolucionando el conocimiento desde hace unas pocas décadas. Nuestra
visión del mismo se amplía cada vez más y con ella nuestra mente y nuestra
conciencia. Dado que somos parte inseparable de la vida, la propia vida se
amplía imparablemente con el paso del tiempo. Una vez confirmemos que no somos
tan especiales podremos trascender al siguiente nivel de evolución, donde
descubriremos que nuestros poderes e inteligencia no nos pertenecen a nosotros
en exclusiva sino a la propia vida y su conjunto. No puede ser que estemos aquí
para no poder seguir y ver lo que nos depara el futuro, merecería la pena,
aunque solo fuera sentarse a observar lo afortunados que somos.
Rubén Blasco – Agrupación
Astronómica de Huesca
Cielo del mes de septiembre. Latitud 42º Astrosomontano, Agrupación Astronómica de Huesca
Descripción del cielo del mes de septiembre. Contelaciones, Lunas del mes, mitología y mucho más.
PRÓXIMA B, COMIENZA LA EXPLORACIÓN INTERESTELAR
Hasta ahora nuestro planeta es
el único mundo conocido que alberga vida. Desde los lugares con climas más
extremos hasta las profundidades del océano, la naturaleza siempre demuestra su
gran poder de adaptación y propagación. Existen chimeneas volcánicas en los
suelos oceánicos rodeadas de agua extremadamente fría, privados de luz y a una
altísima presión, donde viven bacterias gracias al calor y los gases que
emanan; animales como la almeja de Islandia, que puede llegar a superar los 400
años de vida; medusas (como la Turritopsis dohrnil) que no mueren de forma
natural, o lo que es lo mismo, son inmortales. Los tardígrados por ejemplo son
unos microorganismos invertebrados, también llamados osos de agua, que son
capaces de sobrevivir en las condiciones más extremas. Soportan presiones de
6000 atmósferas, temperaturas desde -200º hasta 150 ºC, pueden estar 10 años
privados de agua y son el único organismo vivo conocido capaz de sobrevivir en
el vacío del espacio. En 2013 el microbiólogo británico Milton Wainwright, junto a un grupo de
científicos de la universidad de Sheffield, descubrieron mediante un globo
atmosférico, unos microorganismos a 27.000 metros de altura justo después del
máximo de las Perseidas. La conclusión a la que llegaron es que, dado su tamaño,
no podían proceder de nuestro planeta, por lo tanto, su origen debía de ser
forzosamente extraterrestre.
![]() |
| ESO/M. Kornmesser |
Tenemos una privilegiada posición en nuestro Sistema
Solar, justo en la mitad de la zona habitable. La Tierra posee un campo
magnético que la protege de las peligrosas radiaciones solares y cósmicas.
Tenemos también la cantidad suficiente de agua líquida como para que se genere
un complejo sistema climático y un ciclo del agua, sin el cual no sería posible
tanta diversidad. Es además un planeta «vivo», en constante transformación y
movimiento tectónico, y con historia suficiente como para haber desarrollado
vida inteligente. Pero a pesar de poblar un planeta tan inmensamente rico como
el que usted pisa mientras lee este artículo, desde tiempos inmemoriales estos
animales tan curiosos llamados seres humanos han querido ir un paso más allá.
A día de hoy nos encontramos especialmente interesados en
la búsqueda de vida extraterrestre, pues tras diversos estudios se ha concluido
que un astro no ha de estar necesariamente en la zona habitable para albergar
vida. En nuestro sistema solar por ejemplo se está haciendo especial énfasis
cuatro puntos concretos: el planeta Marte, las lunas Encelado y Titán de
Saturno, y Europa, perteneciente a Júpiter. Cabe destacar que solo Marte está
situado en la zona habitable de nuestro Sistema Solar, pero la intensa
actividad interna de las lunas de los gigantes gaseosos hace pensar que puedan
existir zonas de agua líquida bajo su superficie helada, permitiendo el desarrollo
de ciertos organismos. Desde el descubrimiento del primer planeta exterior al
Sistema Solar en 1995 y los posteriores estudios del telescopio espacial
Kepler, que descubrieron literalmente miles de exoplanetas más, nuestros
horizontes se han ampliado de una forma que no esperábamos. La conclusión es
que la mayoría de estrellas, especialmente las enanas rojas, tienen planetas y
muchos de ellos están en la zona habitable. Se calcula que el 73% de las
estrellas de nuestra galaxia son enanas rojas, y la gran mayoría de ellas
tienen planetas rocosos. Hablando en números, solo en nuestra galaxia podría
haber 60.000 millones de mundos potencialmente habitables, y que podrían
albergar vida. Una de esas pequeñas estrellas rojas es nuestra vecina más
cercana, Próxima Centauri, tan tenue que no se ve a simple vista, y solo
mediante telescopios de cierta potencia puede vislumbrarse un minúsculo punto
rojo. Este pálido punto rojo se ha convertido recientemente en el centro de
atención de todo el mundo. Próxima Centauri está orbitada por un planeta de
tipo terrestre, en la zona habitable y de un tamaño ligeramente superior al
nuestro, llamado Próxima b.
Puede parecer algo sencillo, pues los medios de
comunicación nos vomitan la información a medias. Incluso podría parecer que
una «nave» haya ido a hacerle una foto, o que cualquiera con su telescopio
casero podría ver dicho planeta. Nada más lejos de la realidad. La tecnología
empleada para el descubrimiento de exoplanetas es la misma que hace 20 años, y
ésta es la espectrografía.
Mediante la espectrografía se pueden descubrir
pequeñísimas variaciones en el brillo de una estrella, causados por el tirón
gravitatorio que puede generarle un planeta. Debido al efecto Doppler la
estrella sufre un corrimiento al rojo y al azul causado por el bamboleo.
Gracias al extremadamente preciso espectrógrafo H.A.R.P.S. (High Accuracy
Radial velocity Planet Searcher) del European Southern Observatory situado en
Chile, se han podido observar estas variaciones periódicamente y descubrir, sin
ningún tipo de duda, la existencia de este planeta, al que se ha bautizado como
Próxima b.
Como hemos dicho antes, Próxima Centauri es una enana
roja situada a 4,22 años luz de la Tierra, posiblemente pertenezca a un sistema
estelar triple junto a Alfa Centauri A y B, aunque esto está por confirmar. Su
masa es un octavo la del Sol y su radio un séptimo, lo que la hace mucho más
pequeña (es algo más grande que el planeta Júpiter), pero su densidad es 40
veces mayor. Su radiación en todo el espectro electromagnético es
extremadamente baja, un 0,17% la del Sol, y cae todavía más en lo referente a
luz visible, un 0,0056%. Es además una estrella fulgurante, es decir, que sufre
aumentos bruscos e impredecibles en su brillo y en su radiación en todo el espectro,
lo que la hace peligrosa en sus proximidades.
El descubrimiento de Próxima b orbitando esta estrella ha
despertado la imaginación de todo el mundo. Se trata de un planeta 1,3 veces
más masivo que La Tierra, está situado a 7,5 millones de km de la superficie de
la estrella por lo tanto está en la zona habitable; se calcula que su
temperatura media rondaría los 40 grados (aunque esto depende de muchos
factores como la existencia o no de atmósfera y su composición), lo que
permitiría la existencia de agua líquida; y que tarda en completar una órbita
11,2 días. No presenta inclinación de su eje respecto a la órbita. Dada su
proximidad a la estrella, Próxima b recibe 30 veces más radiación ultravioleta
que La Tierra y 250 veces más rayos X. De no tener una atmósfera adecuada y un
campo magnético fuerte su superficie será un árido desierto infértil por la
radiación. Según los cálculos realizados por resonancias gravitatorias puede
presentar dos tipos de rotación: una mostrando siempre la misma cara a la estrella,
lo cual supondría un hemisferio muy caliente y otro muy frío; y otra en
relación 3:2 (3 rotaciones por cada 2 traslaciones), que suavizaría un poco más
la temperatura media del planeta entero. Presentándose el primer tipo de
rotación no existirían estaciones del año y harían falta como mínimo 0,6 veces
la masa de agua terrestre para que ésta siempre estuviera líquida. Por debajo
de dicho límite toda el agua estaría congelada en el hemisferio nocturno,
creando unos muros de hielo en la zona de penumbra que recordarían a los de
Juego de Tronos. Además, hay que considerar la posibilidad de que la alta
actividad de su estrella en su etapa inicial haya evaporado la mayor parte del
agua.
Todo esto ha sido gracias a un gran equipo de científicos
de todo el mundo liderados por el español Guillem Anglada-Escudé de 37 años de
edad, profesor titular de la Universidad Queen Mary de Londres y astrofísico; y
a la colaboración de diversos centros de todo el mundo: el European Southern
Observatory de Chile, Las Cumbres Observatory Global Telescope Network en
California, Space Observatory de San Pedro de Atacama o el BOOTES del Instituto
Astrofísico de Andalucía; instituciones como la Universidad Queen Mary de
Londres, el Instituto Astrofísico de Andalucía con el CSIC, la Universidad de
Chile, Centro de Astrofísica de la Universidad do Porto, el Instituto de
Astrofísica de la Universidad de Göttingen y la Universidad de Montpellier.
El Dr. Guillem Anglada respondió muy amablemente a una
cortísima entrevista sobre el descubrimiento: «La estrella comenzó a monitorizarse por otros grupos en 2000. Nosotros
(yo y mi colega Mikko Tuomi), combinamos los datos adquiridos con dos surveys
(HARPS y UVES) en 2012. Ahí es cuando la detección preliminar de la señal se
detectó. Hemos estado trabajando en esto desde entonces». Respecto al arduo
trabajo conjunto a nivel global Guillem tuvo la responsabilidad de liderar el
equipo: «Organicé un poco de estructura
con los líderes de cada observatorio. Yo manejé, coordiné y analicé los datos
de HARPS, Cristina Rodriguez del IAA organizó el seguimiento con el telescopio
ASH2, y Yiannis Tsappras (Heidelberg) organizó el seguimiento fotométrico con
LCOGT». Cuando le preguntamos acerca de lo que supuso para el equipo la
respuesta fue la siguiente: «Todos
pusimos muchos esfuerzos. Esta no era una colaboración financiada
explícitamente. La única recompensa era participar en el artículo si es que
había algo a reportar. Todo el mundo puso muchas horas y trabajo rápido para
tenerlo todo a punto para mandar a publicar en menos de un mes. Supongo que
todos lo celebraron a su manera. ¡Nunca nos hemos reunido todos juntos en el
mismo sitio!» Nuestra más sincera enhorabuena al Dr. Guillem Anglada y a
todo el equipo que colaboró.
Próxima Centauri ya era punto de mira desde principios
del 2016 debido al proyecto Starshot, en el que participa Stephen Hawking y que
pretende iniciar la era de los viajes interestelares. Consistiría en una flota
de sondas minúsculas ancladas a unas gigantescas velas y que estarían impulsadas
mediante láseres desde La Tierra. Esta suerte de ingenios parecidos a barcos
veleros llegarían a un 20% de la velocidad de la luz, donde ya se notarían los
efectos relativistas en lo referente al paso del tiempo. Para hacernos una idea
de lo lejos que está hagamos una comparativa: con el proyecto Starshot se
tardarían 20 años en llegar a Próxima Centauri, si usáramos la nave New
Horizons que llegó a Plutón el tiempo empleado sería de casi 20.000 años y si
viajásemos en el Apollo 11 que pisó la Luna por primera vez, nos costaría
llegar nada menos que 202.000 años.
Visto así ya no parece tan fácil... aún quedan muchísimas
tecnologías por descubrir para poder llegar este nuevo mundo, sin embargo, es
lógico pensar que se trate de nuestro primer destino en lo referente a viajes
interestelares. Sea como sea ésta parece la primera misión que iniciará una
generación, pero será la siguiente la que reciba los resultados. La búsqueda de
vida extraterrestre sigue su curso y como decíamos al principio, la Tierra es
por ahora el único mundo conocido. Si descubrimos vida en otros mundos
resultará que ya no somos tan especiales y nuestro concepto de la misma
cambiará radicalmente; nos daremos cuenta de que la vida podría ser la norma en
el universo y que ésta aparece a la mínima oportunidad que tiene. Por otro
lado, si realmente somos el único mundo con vida, o somos los primeros en
aparecer en este aún joven universo, no puedo dejar de sentir una enorme
responsabilidad. Tenemos la obligación de aprender a gestionar nuestra casa que
llamamos Tierra, aprender a vivir todos unidos y en paz con un objetivo común,
prosperar como especie inteligente que somos.
Rubén Blasco – Agrupación Astronómica de Huesca.
El Cielo en Agosto Latitud 42º
Breve descripción de nuesrto cielo, astronomía, mitología, etc. Vídeo realizado por Astrosomontano. Sede de Agrupación Astronómica de Huesca en Barbastro.
JAMES CLERK MAXWELL, UN ANTES Y UN DESPUÉS.
JAMES CLERK MAXWELL, UN ANTES Y UN DESPUÉS.
El primer interés
científico de James Clerk Maxwell fue matemático: desarrollar un método para
dibujar óvalos usando alfileres, hilos y un lápiz. Todos sabemos que para
dibujar un círculo basta con atar un hilo a un alfiler, y en el otro extremo un
lápiz. Si utilizamos dos alfileres unidos por un hilo, empujamos el lápiz hacia
arriba y empezamos a hacer trazos manteniendo el hilo tenso en todo momento,
dibujaremos una elipse. Los lugares donde se encuentran los alfileres reciben
el nombre de focos de la elipse. Si acercamos los dos alfileres, la curva
dibujada se parecerá cada vez más a una circunferencia, una figura que aparece
cuando ambos alfileres se encuentran en el mismo lugar, y cuanto más los
separamos más pronunciada se irá haciendo la forma ovalada.
Maxwell, a muy
temprana edad, estuvo explorando la manera de dibujar curvas con dos focos con
alfileres, cordel y lápiz. Este divertimento matemático derivó en su primer
artículo científico, que completó cuando aún no había cumplido los quince años.
Al verlo, su padre decidió enviarlo a su amigo James D. Forbes, profesor de
filosofía natural en la Universidad de Edimburgo. El artículo le llamó
suficientemente la atención como para comentárselo a su colega matemático
Philip Kelland y ambos buscaron en la biblioteca de la universidad si alguien
había hecho algo similar antes. Y lo encontraron: René Descartes. La sorpresa
que se llevaron fue mayúscula: el filósofo, físico y matemático francés había
estudiado las curvas bifocales pero el método de dibujo del joven Maxwell era
más sencillo, y sus resultados más generales. James había deducido que podía
generar toda una familia de óvalos a partir de la siguiente ecuación: m·p + n·q
= s, donde m y n son dos números enteros cualesquiera, p y q las distancias
focales y s la longitud del cordel. En el caso de m=n=1 lo que se obtiene es la
ecuación de una elipse. Maxwell no podía saberlo, pero en años posteriores su
descubrimiento tuvo una gran influencia en el campo de la óptica y en el diseño
de lentes. Este artículo fue leído por el propio Forbes (pues se consideraba
que James Maxwell era demasiado joven para hacerlo) en la mismísima Royal
Society de Londres, y recibido con gran atención y aprobación general.
Así se iniciaba la
carrera meteórica en el mundo científico de James Clerk Maxwell, posiblemente
el científico más grande y más importante que ha conocido la humanidad, No en
vano Albert Einstein escribió: «Una época científica terminó y otra comenzó con
él». Su teoría electromagnética, resumida en las cuatro famosas leyes de
Maxwell, se mantiene como uno de los pilares de nuestro conocimiento del
universo. De hecho, la teoría de la relatividad surge en gran parte por la
imposibilidad de reconciliar la teoría electromagnética de Maxwell con la
mecánica de Newton. Y no solo eso, sino que la teoría electromagnética que
formuló en su tratado «A treatise on electricity an magnetism» («Un tratado
sobre la electricidad y el magnetismo») en 1873, ha resistido los profundos
cambios y revoluciones que sufrió la física a lo largo del siglo XX. Hasta ese
punto es una pieza fundamental en la comprensión del mundo que nos rodea, desde
las escalas más pequeñas, el mundo de los átomos, hasta las más grandes, los
cúmulos de galaxias. Sus ideas eran tan diferentes de lo que se había hecho
hasta entonces que sus compañeros no sabían qué hacer con ellas e incluso sus
amigos más fieles creían que se estaba recreando en una fantasía. Y no era para
menos dado que veníamos de un pasado basado en las teorías de grandes hombres
como Ampere, Huygens y el gran Michel Faraday, correctas pero parciales, y
repentinamente se vio trascendido a un nuevo nivel con una sólida base
matemática.
James estaba diciendo
que el espacio que rodea a las cargas eléctricas y los imanes no está vacío, sí
que contiene algo que le aporta nuevas propiedades y cuyo efecto visible es la
existencia de fuerzas eléctricas y magnéticas. Aún más, que cada vez que un
imán vibra o cambia una corriente eléctrica, se genera una onda
electromagnética (componente eléctrico y magnético) que se esparce por el
espacio del mismo modo que lo hacen las olas en un estanque tras arrojar una
piedra. Y lo más asombroso de todo: que esa onda es nada más y nada menos que
la luz. De este modo y de un plumazo, Maxwell unificaba electricidad,
magnetismo y luz. A partir de aquí se inició una nueva era en la ciencia en la
que todavía nos encontramos a día de hoy, y su enfoque del problema del
electromagnetismo se ha convertido en la manera en que los físicos estudian el
resto de las fuerzas fundamentales de la naturaleza, y junto con su trabajo de
la cinemática de los gases abrió las puertas a las dos grandes revoluciones
científicas del siglo XX, la relatividad y la teoría cuántica.
Solo esto bastaría
para que su nombre apareciera con brillantes luces de neón en la historia de la
ciencia. Sin embargo, Maxwell hizo mucho más. Fue el primero en establecer una
teoría cuantitativa del color y explicó cómo se podía generar cualquier luz de
cualquier color a partir de tres primarios: rojo, verde y azul (cosa que
comprobamos todos los días al encender la televisión); a los 18 años presentó
una teoría matemática sobre los sólidos elásticos, a partir de sus
investigaciones con sólidos a presión y luz polarizada; hizo la primera
fotografía en color de la historia junto a Thomas Shuton a partir de tres
negativos rojo, azul y verde, demostró mediante complejos cálculos matemáticos
que los anillos de Saturno no podían ser una masa maciza y que tenían que estar
formados por millones de aerolitos que giraban a su alrededor; introdujo los
métodos estadísticos en la física creando toda una nueva disciplina que recibe
el nombre de física estadística, la cual se ocupa del estudio de la materia;
puso las bases de la teoría cinética de los gases, que explica el
comportamiento de un gas a partir del movimiento de las moléculas que lo
componen, y relacionó la velocidad y la energía que transporta cada partícula
con sus propiedades macroscópicas, como la temperatura y la presión; predijo la
existencia del viento solar debido a la presión que ejerce el movimiento de la
luz en su entorno; también colaboró con el diseño y fue el primer director del
instituto Cavendish, del que han salido una gran cantidad de premios Nobel.
James Clerk Maxwell
creía en el progreso científico, la «aproximación a la verdad», como expresó en
su lección inaugural en Cambridge al hacerse cargo del laboratorio Cavendish.
Aunque su marcado sentido del deber le obligaba a aceptar las responsabilidades
de los cargos que ocupó a lo largo de su vida, su verdadero compromiso lo tuvo
con lo que siempre fue sin decirlo, un filósofo natural, un indagador emocionado
con descubrir el funcionamiento de la naturaleza. Su visión de los valores
culturales de la ciencia estaba muy alejada de la corriente de laicismo que
empezó a soplar a mediados del siglo XIX, sobre todo después de la publicación
de «El origen de las especies» de Darwin. Profundamente religioso, pero en
ningún momento dogmático o fundamentalista, señalaba que los valores morales y
religiosos eran más importantes que los beneficios del progreso material.
Asociaba el estudio de la ciencia con el crecimiento como persona, y avisaba
del peligro que representaba creer que solo con la ciencia se podía llegar a
algún tipo de iluminación intelectual. Para él había límites al conocimiento y
rechazaba la arrogancia de creer que podíamos acercarnos todo lo que quisiéramos
a la presciencia divina. Sin duda para Maxwell había límites para el
conocimiento científico. Irónicamente su trabajo demostró que basta una mente
libre de prejuicios para superar unos límites que nosotros mismos nos
imponemos.
Parecen necesarias
dos largas vidas para poder concluir una trayectoria tan brillante y exitosa,
pero nada más lejos de la realidad. En tan solo 48 años de vida James Clerk
Maxwell cambió el mundo para siempre. Nació en Edimburgo, Escocia en 1931; en
el seno de una familia de clase alta que le querían y le apoyaban, con gran
interés por la ciencia y la tecnología, y murió en 1879 consumido a
consecuencia de un devastador cáncer abdominal. 8 años después de su muerte sus
teorías fueron finalmente reconocidas y aceptadas por la comunidad, y el nombre
de James pasó a formar parte de la historia de la humanidad.
FRASES
"Las ecuaciones de Maxwell han tenido un impacto mayor en la
historia de la humanidad que diez presidentes." Carl Sagan
"La completa estructura de la ciencia a veces parece un modelo
minucioso de la naturaleza, y otras veces algo que ha crecido de forma natural
en el interior de la mente humana." Maxwell
"La importancia de Maxwell en la historia del pensamiento
científico es comparable a la de Einstein, quien se inspiró en él, y a la de
Newton, cuya influencia él redujo." Ivan Tolstoy
"La teoría de la relatividad se debe en sus orígenes a las
ecuaciones de Maxwell del campo electromagnético." Albert Einstein
Rubén Blasco – Agrupación
Astronómica de Huesca
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